5 de junio de 2012

Barcelona, en la trastienda del modernismo

Idólatras de arquitectos de marca, abstenerse. He aquí un desafío a la capital mundial del modernismo. Una pista: éste es, ante todo, un arte decorativo. Damos esquinazo a la pisoteada flor granate del pavimento, insignia de la consabida Ruta del Modernismo. Esa misma que cada año guía a los miles de turistas que viajan hasta Barcelona, eclipsados por su personalidad arquitectónica.
Postal compuesta por los actuales artesanos del modernismo


4 de junio de 2012

Viaje en diagonal

Madrid se puede disfrutar de muchas formas. Hoy se recorre en diagonal. La capital acoge el Tantra Yoga Blanco en su edición española. Centenares de participantes se reúnen en el Hotel Meliá Barajas, situado en la periferia, para practicar un taller de tradición milenaria que ve sus raíces en el Kundalini Yoga.

El taller empieza a las 8:00 de la mañana. Muchos de los participantes ya hace horas que están despiertos, pues vienen de realizar su sadhana, práctica meditativa matinal. La gente se dispone en parejas a lo largo de la sala formando varias líneas contiguas. A algunos les acompaña su pareja, un amigo o un compañero. Otros llegan solos y esperan encontrar un hueco en el suelo para poder sentarse frente a alguien. El facilitador, la persona que dirige la sesión, marca en qué línea deben sentarse los hombres y en cuál otra las mujeres. En el caso de tener una pareja del mismo sexo, habrá que escoger qué energía quiere trabajar cada uno para colocarse en la línea correcta. Si se tiene en cuenta el concepto que Kundalini Yoga da al ser humano, donde éste integra tanto energía masculina como femenina, no será un inconveniente el puesto a ocupar.

Para los principiantes, se realiza una sesión introductoria con anterioridad para captar la esencia del Kundalini. Éste, se diferencia de otros tipos de yoga por trabajar la conciencia. El método llegó a Occidente el año 1978 de la mano de Yogi Bhajan. Originario de la India, Bhajan se convirtió en un maestro a la edad de dieciséis años. Fue el último en la línea de transmisión de unas enseñanzas que siempre se consideraron una práctica clandestina y peligrosa, por su enorme potencial transformador. En el año 1971 se le otorgó el Mahan Tántrico, lo que le dio el nombre para poder facilitar estos talleres de Tantra Yoga Blanco, que no deben confundirse con el rojo o el negro, de intenciones muy diferentes. Después de su fallecimiento, se siguen realizando los talleres a través de sus videos y facilitadores a los que él mismo formó. Es el caso del Tantra Yoga Blanco de este año, organizado por la AEKY, Asociación Española deKundalini Yoga.

Tantra Yoga Blanco Madrid 2012. Foto: alicantekundaliniyoga.blogspot.com
Sentados ya todos los participantes en postura fácil, postura básica de meditación, el Tantra Yoga Blanco da su comienzo cantando un mantra en conjunto. Más de doscientas voces abren un paréntesis de meditaciones en pareja que durará toda la jornada. El unísono colectivo es la puerta de entrada a un viaje interior y de confrontación constante. Los asistentes están prevenidos de sumergirse en meditaciones desde 31 minutos hasta 62 minutos, según marca esta práctica, con el único respaldo de la pareja, a la que, en algunos casos deberán fijar su mirada. Ojo contra ojo, mirada con mirada, mano contra mano, la figura de la pareja es un símbolo para que cada asistente pueda reflejarse en el otro y trabajar más a fondo su subconsciente. El objetivo del Tantra, pues, es romper con los pensamientos que cargan la mente y que la estancan en negatividad. Se trata de un taller enfocado a la liberación y limpieza de cuerpo, mente y alma. El trabajo es sutil pero profundo.

El blanco de la sala acompaña este sentimiento purificador. Todos los participantes han recibido indicaciones de acercarse al taller con ropa blanca y holgada, ya que, según la tradición, este color combina todos los otros colores y refuerza el campo magnético de la áurea. Asimismo, la cabeza debe estar cubierta con un pañuelo igualmente blanco, para proteger el séptimo chacra, uno de los centros energéticos del cuerpo, en este caso situado en la coronilla. Las horas de meditación desbloquean los pensamientos y deseos atascados en la mente, por lo que éste último chacra, el que conecta con la fuente de energía del Yoga, está más sensible.

La energía de los participantes recorre la sala en forma de diagonal. La tradición habla de ella como una tela tejida que, al estirarse en diagonal, se endurece. Es lo mismo con la energía del Tantra Yoga Blanco. La distribución de los participantes en líneas y parejas favorece que la energía viaje en diagonal y fortalezca a los asistentes, cortando bloqueos atascados en el subconsciente. Se dice que en este viaje en forma de “Z”, Yogi Bhajan conecta su cuerpo sutil con el de todos los participantes.

Cierto es que Yogi Bhajan fue un viajero arriesgado, abriendo unas técnicas sagradas a Occidente. Le siguen todos los asistentes al taller, aventureros en un viaje sesgado y lleno de retos. Finaliza la jornada y muchos de ellos culminan el viaje bailando al ritmo de rumba, una técnica agradable para volver a lo que dirían “el mundo real”. Sin saberlo, muchos de sus movimientos, al bailar, recuerdan la forma oblicua.

3 de junio de 2012

Literatura de observación a contrarreloj

Otro meridiano de energía, otra línea de fuerza. Un artesano de la palabra atormentada por un escenario hosco y desgarrador. Así presentamos al reportero de guerra de La Vanguardia, Plàcid Garcia-Planas, que el equipo Kompaso ha tenido la ocasión de conocer con motivo del Máster en Periodismo de Viajes.

Plàcid Garcia-Planas. Foto: Google.
Acompañados de una elocuencia que roza la poética e invita al deleite, sentimos la pulsión de un discurso conmovedor, presto a la reflexión de un viaje a Oriente Próximo, con la crudeza que proporciona el rostro de la guerra. Un semblante colmado de horror al que este periodista de palabra curtida desmenuza con la delicadeza y el respeto de quien medita sobre cómo se escribe la guerra, el dolor. Las imágenes se suceden ante las miradas de un público atento, notas visuales que matizan y extienden la voz de Plàcid. Son memorias aparte e influyen en un sentimiento virgen.

Sumidos en un estado de conciencia, en el aprendizaje de tomar una distancia no adrenalínica de la guerra, nos detenemos en la mirada del otro. '¿Qué es viajar?', pregunta. 'Viajar son muchas cosas, pero esencialmente es un estado de ánimo, una actitud', afirma. Un cruce de miradas, un juego de espejos donde 'la mirada más fértil es siempre la del otro', sostiene. Y es que la adrenalina no son las bombas sino la habilidad para encontrar las historias, las miradas y saber contarlas. Una suerte de literatura de observación que este periodista aborda desde la paradoja y la intensidad que le proporciona la lírica. Una escritura poliédrica alejada del melodrama barroco que suele merodear a la expresión periodística del dolor bélico.

Tensión, prudencia y miedo, impactos emocionales que Plàcid ha sabido canalizar a través de la palabra y, lo que es aún más importante, a través de la palabra compartida de un reporterismo entendido desde el oficio que induce a la reflexión del lector. 'El mundo es como es y así os lo enseño', acentúa ante la crudeza de unas fotografías que no dudan en llamar la atención frente al uso, en ocasiones deslegitimado, de las nuevas tecnologías. Pues, como bien destaca, 'no hay épica sin Nokia'.

En las irregularidades de un camino donde el terreno se encabrita, la estética de la observación detenida deviene aquí en el arma de verdades más profundas con las que este periodista de solera apunta hábilmente. Chapeau.

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