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7 de julio de 2012

L'Empordà amb Josep Pla

Amb 'Tres lectures de l’Empordà' podreu recórrer el territori de l’Empordà a través de la mirada paisatgística de Josep Pla. Amb aquesta ruta descobrireu els paisatges, panoràmiques i poblats que més van obsessionar la obra de Pla i reconeixereu la relació que l’autor va tenir amb ells: viureu el seu paisatge interioritzat. Us convertireu en els intèrprets de la seva obra, apropant-vos als matisos que l’autor utilitzava per entendre un indret. Percebreu el sentit del paisatge i del seu entorn.

L’autor català va retratar el seu terreny d’origen al llarg de tota la seva obra, tot creant un tractat de geopoètica. Presentava un paisatge existencial com a escenari, i el seu observador com a intèrpret. El seu univers paisatgístic s’entén a partir de tres paraules. Observar, caminar i dialogar. Contemplar l’escenari i interpretar-lo. Passejar a peu lentament per palpar els detalls d’un indret. Conversar amb tot allò i aquell que creus en el caminar calmat.

Durant tres dies resseguireu els paisatges que l’autor va descriure com a existencials, resseguint les tres zones que ell va delimitar en funció del paisatge: l’Alt Empordà, el Terraprim de l’Empordà i l’Empordanet. Les seves cites us submergiran a les tres paraules que engloben la seva obra, que són les seves formes d’aproximació al paisatge. 
 
Observeu, camineu, i dialogueu!

Cartell promocional de la ruta literaria.

23 de mayo de 2012

Roraima, 'montaña sabia'


¡Vamos a subir a la cima del Roraima! 
Te envío unas fotos de un amigo que subió y dijo que era espectacular! 

Con estas palabras de un amigo y al ver aquellos paisajes únicos no lo pensé dos veces y decidí conquistar la cima del tepuy Roraima. Así comenzó este viaje que marcó un antes y un después. Mas cliché imposible, pero es la verdad. No fue de un día para otro, no fue un proceso fácil pero cuando miro al pasado entiendo por qué decidí que los viajes deben ser parte de mi vida.

Los tepuyes son formaciones geológicas con millones de años y el Roraima es uno de los más imponentes por su altura y las leyendas indígenas que se cuentan sobre él. Está ubicado en el Estado Bolívar hacia el Sur de Venezuela, específicamente en el Parque Nacional Canaima.

Muy poco conocía sobre este gigante antes de decidir hacer la extenuante excursión de tres días para llegar a la cima, un día para recorrer su superficie y dos días más para regresar, caminando con una mochila de diez kilogramos. Debo reconocer que si hubiera sabido lo que me esperaba, no habría ido. Así que, la ignorancia en este caso actuó a mi favor, aunque lo descubrí después de mucho tiempo.

Fueron 14 horas de viaje en carretera el primer día hasta Puerto Ordaz y el segundo día serían ocho horas hasta Santa Elena de Uairén, ciudad fronteriza con Brasil desde la cual llegué a Paraitepuy de Roraima, aquí se acaba la comodidad de moverse sobre cuatro ruedas y comienza la caminata. Un sol resplandeciente, una energía desbordada y una pesada mochila que despertó la ira en los días venideros marcaron el comienzo de esta agridulce experiencia.

Este recorrido de seis días para una adicta al sedentarismo como yo, ha sido la mayor prueba de resistencia física y mental que me ha tocado vivir. Cada paso en este viaje me dio lecciones de vida como bofetadas, una tras otra, cada vez de mayor intensidad. Pensamientos y actitudes que pocas veces se convirtieron en aliados y muchas otras en enemigos.

Sentí la soledad de la Gran Sabana a mi alrededor, iba dejando atrás una vista repleta de verdes que me deleitaban cuando se unían al azul del horizonte. Frente a mí, observaba a cada paso el Roraima "Gran verde-azulado" en lengua pemón, sus formas que se hacían más nítidas y retadoras, ésta era la inyección de adrenalina que me mantenía en pie porque todo el cansancio pierde sentido cuando lo único que se quiere es llegar a la cima.



Primer día de caminata a la cima del tepuy Roraima.


Y contra todos los obstáculos logré mi cometido. Sorteando ríos crecidos, noches sin dormir, "La Cresta", elevación llamada así porque asemeja una cresta de gallo, el "Paso de las Lágrimas", caída de agua que por su nombre es fácil deducir lo que te inspira cuando lo cruzas. Después de todo sentí la protección de aquellas formaciones rocosas tan ceremoniales y majestuosas conocidas como "Los Guardianes"que me dieron la bienvenida a la anhelada cima.
Cuando vi esas enormes piedras de color negro, unas con forma de "Maverick", una locomotora, un mono comiendo helado y todos los símiles que la imaginación puede crear, sabía que lo que iba a ver durante mi estancia en la cima del Roraima sería un paisaje irrepetible.

Vista en la cima del Roraima
Solamente allí en un lugar tan aislado, formado hace miles de millones de años, se puede admirar el "Valle de los Cristales" (cuarzo puro), los "jacuzzis", "La Fosa", los sapitos miniatura de color negro que se mimetizan con las rocas, las elegantes bromelias, vegetación que inunda el paisaje, la arena de color rosa y la vista privilegiada de la Gran Sabana desde 2.800 metros de altura.

El trayecto más largo en la cima duró 10 horas caminando sobre esta superficie rocosa, irregular y resbaladiza, cada pisada me dolía, me paralizaba antes de cada salto entre dos rocas separadas por un abismo, otra vez me cuestionaba por qué había decidido torturarme. Cuando mis fuerzas desvanecían, llegó el momento estelar del viaje,  apareció entre la neblina el "Punto Triple", el hito que demarca la frontera entre Brasil, Guyana y Venezuela. La adrenalina me hizo saltar como cabra entre las rocas y sentir cómo la energía ahuyentaba las nubes y relucía la  majestuosidad de la Naturaleza.

Llegada al 'Punto Triple'.

Esto es Roraima. Dar todo de ti, superar miedos absurdos. Afrontar tus fortalezas y debilidades en cuerpo y mente. Vivir al límite. Seis días cargados de una energía que te protege y te desborda. Seis días incomparables. Han pasado tres años y sigo aprendiendo de este viaje.

19 de mayo de 2012

El Zurich, la retina de Barcelona

Siempre pendiente del ir y venir de la gente. Lugar de encuentros y despedidas. De llantos y de alegría. 

Corría el año 1862. Desde el comienzo siempre fue refugio de viajeros. Nació siendo catalana, La Catalana, así la llamaron. Entonces comenzaba a abrir los ojos, suavemente cegados por el humo de la incertidumbre de la estación del ferrocarril y de la gente de paso.

En su infancia no mucho podía ofrecer. Sólo un puñado de bebidas bajo un pequeño kiosco para esa gente que se detenía antes de que saliera el tren.

Pasó el tiempo. Con los primeros ramalazos de una adolescencia prematura, se convirtió en una chocolatería. Rezumada con este nuevo encanto, comenzó a atraer a nuevos y más selectos clientes. Así fue que surgió el primer amor que marcaría su vida. Un viajero llamado Serra, catalán, que volvía de muchos años de trabajo en Suiza, se encandiló de esta catalana chocolatera y la llamó Zurich para sentirla aún más suya.

Pero nunca el primer amor es el definitivo. Otro catalán llamado Andreu Valldeperas luchó fuertemente por ella y en 1920 la conquistó. La chocolatería Zurich a partir de entonces y hasta nuestros días sería fiel a esta familia. 

Fue el hijo de Andreu quien cambió de género a esta antigua cantina de paso. La transformó en cervecería, en un bar. El Zurich.

Aunque con nombre suizo, este nuevo pero antiguo establecimiento catalán, vio crecer a otro importante punto neurálgico de la ciudad. Allá por el 1925, la plaza de Cataluña empezó a adquirir forma. Puede pensarse que fue ésta la que se construía en torno al Zurich, y la familia Valldeperas supo verlo y adaptarse. Consolidaron el que sería el símbolo del bar, pusieron mesas y sillas en la calle. Le ofrecieron a Barcelona una terraza donde pararse a mirar la vida de la capital.

El Zurich siempre estuvo ligado a su ciudad. Siempre adaptado a los cambios y acontecimientos que en Barcelona se desarrollaban. Fue centro de rebelión. En la Guerra Civil se convirtió en trinchera. Allí se hacían fuertes los miembros del PSUC en un fuego cruzado contra los anarquistas situados en el edificio de Telefónica y allí hubo tiros entre republicanos y franquistas poco después.

Foto: Asier Suescun


Punto de encuentro

Pero el Zurich siempre fue mucho más que un bar. Mucho más que un sitio donde pararse a tomar algo. Mucho más que un lugar donde refrescarse. Y mucho más que un sitio donde descansar.

Situado en el centro de la ciudad, junto a Las Ramblas y de camino hacia el mar, el Zurich se convirtió en un enclave mágico para todo ciudadano y para miles de viajeros. Por sus mesas y sus aceras pasa todos los días Barcelona, su vida y sus millones de historias.

Allí se detienen los universitarios, allí toman algo los periodistas antes de ir a trabajar. Los amigos cuando van a salir de fiesta se encuentran en el Zurich y, de un tiempo a esta parte, miles de extranjeros, sentados en la terraza, ven cada día a toda esta gente pasar.

Son historias de paso, apoyadas por esa boca de metro construida a las puertas del bar. Decenas de personas cada minuto, cientos a cada hora y miles al cabo del día. Todas ellas esperando esos abrazos, mirando de aquí para allá. Alternando la vista del móvil a la gente que les puede esperar.

Foto: Asier Suescun


Muchas historias esporádicas que se ven paralizadas cada vez que algo sucede en la plaza.

Esteban Cortés, brasileño y desde hace 20 años encargado del local, nos cuenta que El Zurich y Barcelona nunca serán ajenos el uno con el otro. Cada episodio que vive la ciudad se ve reflejado en la actividad del bar.

Cada Diada Nacional, cada triunfo del Barça, celebrado en la cercana Fuente Canaletas, y cada Huelga General hacen que la multitud congregada en La Plaza Cataluña haga peligrar la terraza y muchas veces tienen que cerrar.

El Zurich es lo primero que conoces cuando llegas a Barcelona, el primer sitio donde te citan para quedar. Nunca nadie lo verá con los mismos ojos que ves un museo y probablemente nadie pregunte por la historia de ese bar. Quizá aquella antigua cantina que creció viendo pasar trenes y gente subir y bajar, esté acostumbrada a que todo el mundo pase por su calle y nadie eche la vista atrás.

Allí quedará siempre la antigua chocolatería La Catalana, guardando cada historia de la gente y siempre de frente a la ciudad. Si algún día alguien por allí se detiene y se pone a observar podrá sentir un guiño de historia, presente y eternidad.

8 de mayo de 2012

Viajando entre cumbres





En "Viajando entre cumbres" acercamos la Montaña Sagrada del Kailash a nuestro entorno y la recorremos proyectando nuestra mirada hacia una montaña llena de leyendas y fuerzas que, a diferencia del Kailash, sí se puede llegar a su cumbre: la Montaña de Montserrat.

Realización: Carmina Balaguer y Ana Varela
Música: "Personal Channeled Music", Paulo Stekel

17 de abril de 2012

Roma, encuentro y desencuentro

Monumentos, esculturas, pinturas, plazas, fuentes, arcos, panteones, iglesias, iglesias y más iglesias. Arte y genialidad que te impresiona al contemplarlo. Esto es Roma. Es la esencia, es lo que se vende, es lo que los turistas quieren ver cuando inundan sus calles en medio del caos. 

Sin mucho esfuerzo, al ritmo de la caminata vas descubriendo este mundo creado por la opulencia, la arrogancia y la elegancia que aún hoy día se conserva. Y así, sin más herramientas que dos piernas y una cámara, te pierdes en la perfecta fusión de las ruinas más antiguas y las calles más modernas. Admiras los detalles de cada obra, escuchas las historias de aquellos lugares, recuerdas cuánta ansiedad sentías por estar allí, observas a tu alrededor con tres miradas: tus dos ojos y el lente de tu cámara. 

Mi primera vista panorámica de Roma.



Pero te sorprende el sinsabor de que algo falta. ¿Qué es esta sensación? 

a) No es lo que esperabas.
b) Te falta compartirlo con alguien.
c) Acaso es más de lo que esperabas.
d) Todas las anteriores o, 
e) Ninguna de las anteriores.

Y la última opción es la correcta. La respuesta está en los recuerdos de los viajes que te conmueven, te estremecen, esos instantes que revives con emoción tan solo al ver una foto o contar alguna anécdota. Esas aventuras vividas con la sorpresa del niño que descubre todo por primera vez. Para mí, todos esos viajes inolvidables tienen algo en común: la Naturaleza. 

Laguna de Canaima, Venezuela.

Montañas, cataratas, ríos, playas, glaciares, tepuyes, flora, fauna. Energía pura. Belleza única. Maravillas naturales, muy trillado pero muy cierto. El sinsabor de aquélla extraña sensación se transformó en satisfacción al reencontrarme con una frase inspirada por la caminata sobre el Glaciar Perito Moreno: No hay obra hecha por el Hombre que se compare con la obra de Dios.

Trekking en el Glaciar Perito Moreno. El Calafate. Argentina

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