5 de noviembre de 2012

Acústica del viaje


Su acústica vuelve, una y otra vez. Sin que puedas hacer nada por evitarlo, permanece sobre sí misma, atrapada en una reverberación cuasi constante, en una esencia de susurros. Apenas un rumor.

Algo impaciente, a veces se muestra por difracción y te rodea, te envuelve y se dispersa en una continua dirección. Otras, simplemente, sucede lo contrario, se refleja. Su poder de propagación es tan fuerte que, cuando encuentra a su paso un pequeño obstáculo, recurre al Principio de Huygens y emite nuevas ondas.

Adopta un movimiento vibratorio, curvado en sus partículas, cuyas oscilaciones sucumben en la presión del aire. Su percepción varía según las variaciones que acompañen al medio, también su velocidad. En cualquier caso, presenta un palpitante factor de amplitud de gran alcance.

Su fonética deviene ajena a cualquier abecedario, tan sólo interrumpida en ocasiones por alguna interferencia que entorpece sus pulsaciones, no así su pálpito. A veces, cuando ambos cuerpos vibran con la misma frecuencia, comprobamos su resonancia y repiquetea en nuestro interior. Es la atmósfera sonora del viaje, como expresión física y directa, con sus propias melodías y texturas.

Dicen que "el sonido, en combinación con el silencio, es la materia prima de la música". Una música, aquella inherente a todo viaje, de cadencias y giros sincopados. Patrimonio común y común denominador para quienes estén dispuestos a escuchar su sinfonía. Y tú, ¿la oyes?

Registro de un paisaje sonoro. Fuente: Google.

2 de noviembre de 2012

Comunicación y Patrimonio Histórico


Por unas horas, el equipo Kompaso ha dejado las aulas del máster en Periodismo de Viajes y se ha trasladado hasta el Museo Egipcio de Barcelona, de la mano de Jordi Molina, arqueólogo de campo en 21 excavaciones preventivas bajo la supervisión del Servei d'Arqueologia de la Generalitat de Catalunya.

Hasta allí nos hemos desplazado con el objeto de evaluar y analizar el discurso sobre patrimonio histórico que las instituciones de la memoria, los museos, promueven en sus programas expositivos.

En estos espacios de presentación del patrimonio, de aprendizaje informal, retomamos la reflexión inferida que ya expusimos en entradas como La memoria convertida en relato y Fronteras, entre el turismo y la gestión cultural. La ocasión lo requiere. En ellas planteábamos la cuestión del nuevo diálogo que se ha impuesto frente a una larga trayectoria donde las acciones han devenido en una fosilización del contenido.

Y es que, de nuevo, entran en juego las contradicciones y sinergias que conlleva el contacto entre dos espacios de la realidad social con principios, valores y cultura muy distintos: el turismo y la arqueología, este último padrino de grandes civilizaciones como el Egipto faraónico o la Grecia clásica. 

A la izquierda, estatua del dios Bes en piedra caliza (304-30 a.C.). Fuente: Google.
En un intento por diluir las fronteras actuales que lo distancian de una adecuada gestión, cada vez más y desde el turismo cultural, se promueve el turismo arqueológico y la puesta en marcha de instalaciones específicas que trabajan para lograr una mejor compresión de los restos arqueológicos por parte de los turistas y viajeros. 

Como visitantes y receptores de esta experiencia, la cuestión pertinente estriba en la compleja interpretación que acostumbra a acompañar las explicaciones de la guía. Un somero recorrido por 6.000 años de civilización egipcia, en apenas hora y media, y a través de una colección de arte egipcio que alcanza las 1.000 piezas. Y entre tanto, los esfuerzos, a menudo marquetinianos y fruto de la anécdota, por conseguir que no decaiga el interés y la atención de la audiencia, en los 2.000 metros cuadrados de espacio museístico.

La pregunta que nos asalta in situ es inevitable: ¿Cómo medir el conocimiento de tu público y ofrecer una explicación instructiva y satisfactoria que permita lograr un diálogo fluido y conveniente?

31 de octubre de 2012

El mundo de Donald Evans


No es esta una oda a la filatelia sino una llamada de atención a unos pequeños objetos, obras de arte por derecho propio. Y es que cuando el imaginario sacude al talento éste se expresa espléndido y admirable.  

Un buen puñado de acuarelas, otro tanto de papel perforado y su inseparable pincel, un Grumbcher número 2, bastaron para que el artista norteamericano Donald Evans (1945-1977), creara una meticulosa colección de sellos, a la que dio nombre de Catálogo del mundo.

Sentía una gran fascinación por los mapas y las enciclopedias. Tal vez por ello, este autodidacta y precoz virtuoso, soñaba con su propia geografía del mundo, llena de países míticos. "Cada uno, a su manera, expresaba su añoranza 'romántica' por lo remoto y lo exótico [...]", comenta el escritor Bruce Chatwin en el tributo que le rinde en su obra ¿Qué hago yo aquí?

Una contribución a las artes de gran intensidad cualitativa que desde Kompaso hemos querido compartir. No pierdan detalle.

   
     Serie titulada Coups de Foudre. Fuente: Google.   
Serie titulada Trópides. Fuente: Google.
Serie referente a la anterior, Trópides. Fuente: Google.
Postal Trópides Islands. Fuente: Google.

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