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26 de noviembre de 2012

A orillas del río Nam Ou


Como si de reporteros de una publicación editorial de viajes se tratara, en el Máster en Periodismo de Viajes nos han planteado el reto de producir un contenido textual y visual, con una mirada original y creativa sobre un destino

El resultado: una miríada de reportajes, tantos como alumnos somos, en un simulacro que nos ha permitido experimentar el proceso de creación de un reportaje de acuerdo a los parámetros establecidos por la revista de viajes escogida.

En este ejercicio, la propuesta personal planteada se enmarca dentro de la línea gráfica y editorial que ofrece la revista Orizon, elaborada por los artesanos del grupo Spainmedia Magazines. Cada sesenta días, el equipo de esta nueva revista nos ofrece un suculento número, capitaneado por su lema: "Descubre tu lugar en el mundo".

Siguiendo la estela de cada una de estas letras, les invito a que se adentren en una ruta fluvial diferente. Una ruta que transcurre en un entorno indómito y fascinante a partes iguales. Ahí donde la civilización es sólo una nota, aquí donde las carreteras terminan comienza el viaje más encantador de Laos.

Este es el relato de un viaje hacia el norte de Laos, una región próxima al área de Phongsali y accesible únicamente por transporte fluvial. Descubre el reportaje completo en el siguiente enlace.


19 de noviembre de 2012

'En la Patagonia', de Bruce Chatwin


Nunca he estado en la Patagonia, esa imponente y fascinante región austral de América del Sur, situada en las lindes del fin del mundo. Tal vez por ello me sentí atraída por la lectura de una obra clásica de la literatura de viajes que lleva por título el mismo nombre.

Parque Nacional Los Glaciares. Fuente: www.patagonia-argentina.com
Decía Bruce Chatwin que "viajamos literariamente". Y así es, pues el lector que decide adentrarse en la lectura de En la Patagonia pronto descubre un universo que combina mirada y escritura, redactado vívidamente en el tiempo de la historia. Una obra moldeada por un escenario indómito que despierta la ensoñación, protagonista de tanta tinta derramada. Desde el principio, el lector advierte que se encuentra ante una elocuencia inagotable, donde las palabras brotan con la reverberación de una letanía.

"Todos necesitan del acicate de una búsqueda para vivir; para el viajero ese acicate reside en cualquier sueño", así comienza la obra con la que debutó el autor, narrador y cronista a los 37 años. Dividida en noventa y siete capítulos que ceden el paso a la micronarración, En la Patagonia se sitúa en una zona de cruce entre la ficción y la crónica periodística, esculpida por la pequeña historia, donde se dan cita los encuentros y formas de construir al otro. 

En este sentido, es en la alteridad donde el viajero halla las variadas formas expresivas que suelen acompañar al escritor británico. Pues en este libro que tiene por decorado al extraordinario paisaje patagónico, son las huellas de los personajes de un mundo singular las que marcan el rastro de la lectura, estimuladas por el recuerdo infantil de un supuesto trozo de piel de brontosauro. A lo largo de la obra, la búsqueda dibuja el trazo de unas páginas que se mueven a un ritmo que da relieve al paisaje.

Palpitante y hormigueante lectura. Tal vez, con esta obra, Bruce Chatwin comprendió las palabras del almirante y explorador Richard E. Bird al afirmar que "la naturaleza tiene buenas razones para exigir sacrificios especiales a aquellas personas decididas a contemplarla".

"Il n'y a plus que la Patagonie, la Patagonie, qui convienne à mon inmense tristesse..."
Blaise Cendrars, Prose du Transsibérien.

5 de noviembre de 2012

Acústica del viaje


Su acústica vuelve, una y otra vez. Sin que puedas hacer nada por evitarlo, permanece sobre sí misma, atrapada en una reverberación cuasi constante, en una esencia de susurros. Apenas un rumor.

Algo impaciente, a veces se muestra por difracción y te rodea, te envuelve y se dispersa en una continua dirección. Otras, simplemente, sucede lo contrario, se refleja. Su poder de propagación es tan fuerte que, cuando encuentra a su paso un pequeño obstáculo, recurre al Principio de Huygens y emite nuevas ondas.

Adopta un movimiento vibratorio, curvado en sus partículas, cuyas oscilaciones sucumben en la presión del aire. Su percepción varía según las variaciones que acompañen al medio, también su velocidad. En cualquier caso, presenta un palpitante factor de amplitud de gran alcance.

Su fonética deviene ajena a cualquier abecedario, tan sólo interrumpida en ocasiones por alguna interferencia que entorpece sus pulsaciones, no así su pálpito. A veces, cuando ambos cuerpos vibran con la misma frecuencia, comprobamos su resonancia y repiquetea en nuestro interior. Es la atmósfera sonora del viaje, como expresión física y directa, con sus propias melodías y texturas.

Dicen que "el sonido, en combinación con el silencio, es la materia prima de la música". Una música, aquella inherente a todo viaje, de cadencias y giros sincopados. Patrimonio común y común denominador para quienes estén dispuestos a escuchar su sinfonía. Y tú, ¿la oyes?

Registro de un paisaje sonoro. Fuente: Google.

29 de octubre de 2012

'¿Qué hago yo aquí?', de Bruce Chatwin


"Cuéntele historias al jovendijo doña Lucerina—. Quiere oír historias".

Con las pupilas dilatadas. Así termino la lectura de ¿Qué hago yo aquí?, obra póstuma que el viajero, escritor y novelista británico, Bruce Chatwin, nos dejó como una ventana abierta a su mundo. Un interesante e instructivo espectáculo narrativo en el que se percibe el sesgo irresistible, propio de quien demuestra una técnica impecable.

Déjenme aclarar que no es ésta una compilación de páginas ordinaria, sino una fértil llanura cuajada de un grupo heterogéneo de relatos, brillantemente coloreados en un mar de objetos de recuerdo, extractos de su paso por varias publicaciones. 

Confieso que produce una extraña y atractiva impresión comenzar a leer por donde a uno le plazca, pues el orden no afectará al resultado. No importa si decides embadurnarte de las crónicas que acompañan a sus textos referidos a los Viajes, a las Gentes y luego te dejas llevar por los Relatos del mundo del arte, los Extraños encuentros, para terminar sorbiendo cada palabra con China y el Escrito para familia y amigos. 

El autor, Bruce Chatwin, en una foto de archivo. Fuente: Google.

Todos, sin excepción, tienen la fragancia de una prosa lúcida, azotada por ráfagas de gran sensibilidad que denotan su poder de observación avezado, de aforística brillantez. En ellos Chatwin no aparta la vista, ni tampoco el resto de los sentidos; se sirve de éstos como una atalaya desde donde los exprime y apoya la voz.

La lectura, recuerden, se presenta episódica y fragmentada, pero sobre todo, y lo que resulta más interesante, es su arquitectura de corte anárquica, desprovista de molde fruto de un genuino cazador de historias.

22 de octubre de 2012

La literatura de viajes, un género diferenciado


Entre los insondables escenarios de la literatura hay quienes todavía consideran la literatura de viajes un subgénero de la narrativa. Un estatus de nivel inferior constreñido, a menudo, por los arquetipos tradicionales que rodean a la concepción clásica y rígida de los géneros literarios.

Una llamativa valoración que sorprende si tenemos en cuenta que basta con echar la vista atrás para encontrarnos con libros de viajes desde la Antigüedad grecolatina y su más célebre representante, el historiador y geógrafo griego Heródoto.

No obstante y a pesar de las oscilantes valoraciones que proporcionan todavía los anclajes del pasado, localizamos en ellos una pluralidad de informaciones. En este sentido, su lectura nos conduce a un nutrido y enriquecedor sendero, muchas veces fuente de conocimiento geográfico, antropológico, etnográfico, histórico, entre otras disciplinas. 

Por su forma, contenido, estilo e impronta en la historia de la literatura, son muchas las cuestiones que lo diferencian y le otorgan la merecida distinción de un género propio y maduro. Y es que, en el debate de los géneros donde estos aparecen, desaparecen y se transforman, son muchos los defensores que aparcan el complejo ámbito de lo subjetivo y subrayan las virtudes de un género con solera, casi tres mil años de historia le avalan.

Fuente: Google Image Search.
“Tratar de describir la génesis de la Literatura de Viajes, es tarea no fácil, ya que existen pocos estudios críticos al respecto. Hacer un análisis sistemático y riguroso de los aspectos formales, estructurales o temáticos de dicho género literario es, en todo momento, una tarea apasionante....Podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que el ser humano ha sentido la necesidad de viajar, e igualmente ha sentido la necesidad de dejar constancia de haber realizado el viaje. Cuando estas dos premisas se unen, aparece lo que denominamos Literatura de Viaje. A lo largo de la historia de la humanidad, en todas las épocas, en todos los países y en todas las culturas, se han escrito relatos de viajes. En unos casos eran reales, en otros ficticios, imaginativos o descriptivos, poéticos, fantásticos o novelados”, sostiene la sevillana Soledad Porras, profesora de filología italiana.

"Una cosa es el turismo y las guías de viajes y otra cosa es la literatura de viajes. Es un género con sus normas propias", afirma el viajero, escritor y periodista Javier Reverte.

Tal vez habrá quienes todavía les cueste desprenderse de anquilosadas clasificaciones que acontecieron en la Antigüedad clásica. Tiempo después y, sobre todo, de unos anaqueles repletos de referencias bibliográficas, nos han demostrado que la tradición deviene en un fenómeno elástico y, como tal, mutable a las circunstancias contemporáneas que lo acompañan.

En palabras de Manuel Lucena Giraldo y Miguel Ángel Puig-Samper, "la literatura de viajes, un nuevo género hecho de ropajes demasiado viejos".

15 de octubre de 2012

'El libro de las maravillas', de Fernando Clemot


Un ovillo de recuerdos, refugio de tinieblas, de sombras que caminan al lado aferradas a un pretérito sacudido por ese azar que malogra mañanas. Entre las entrañas de la memoria, del reclamo del olvido, en el papel de Rustichello o de Marco Polo, camina la obra del escritor y editor Fernando Clemot.

'El libro de las maravillas' se muestra al lector como una propuesta literaria untuosa, adherida y potente. Podría ser este un singular libro de viajes sin pretenderlo, pues aquí el viaje aparece reposado y enmarañado en los compases asincopados de una melodía, a veces quejumbrosa, que entona la memoria de varias voces, de vidas paralelas trazadas; consuelo estéril de un final, a pesar de todo, inalterable.

Portada del libro. Fuente: Google Image Search.
Un guión, un personaje que trata de desdibujar lo trazado para acariciar otros caminos no realizados, ahora soñados que descansan en las vivencias y los viajes de otros. Un pretérito que trata de recuperar en la trama y urdimbre de los vocablos. Retazos de varias voces ahora remendadas e hilvanadas magistralmente en torno al metarrelato. Así se sostiene esta novela de carácter arriesgado y resultado conquistado.  

Y es que "la memoria de nuestro pasado está parcheada muchas veces con retales de vidas ajenas, con historias que nos contaron o nos figuramos haber vivido", sostiene el autor en una ineludible reflexión que acude al lector, ahora rodeado por una multiplicidad de significados, sacudidos por un refuljo ácido. Resulta entonces inevitable adoptar el papel de Rustichello, y esperar a las historias que acuden a las orillas de otros personajes, de Bessa, Bridoso y Clara, mecidas por una memoria aquejada por el fantasma de las ocasiones perdidas. 

"Invocar los recuerdos para alimentarse de ellos [...]", nos recuerda. Vía libre.


8 de octubre de 2012

'Viajeras intrépidas y aventureras', de Cristina Morató


"No por azar aventura es del género femenino. Las correrías con riesgo han sido y son dominio de la mujer tanto como del hombre. Claro que cuando se trata de ilustrar el espíritu de aventura, la historia retiene primero a los nombres de Marco Polo, Colón, Magallanes, Elcano, Cook, Stanley, Amundsen, Lindberg. [...] Ya es hora de que salgan a la luz las peripecias de las mujeres viajeras". 

Así arranca, con determinación, desde el vestíbulo que el viajero, periodista y escritor Manu Lenguineche dedica a la autora catalana, Cristina Morató. Ha pasado algo más de una década desde que esta viajera, periodista, escritora y fotógrafa escribiera lo que pronto se convertiría en mi libro de cabecera

Gracias, en parte, a la vitalidad estética que irradia aquí el significado de las palabras escogidas. Y es que la lectura avanza ágil y ordenada, acomodada en la cortesía de la claridad de un libro vívido que exalta el doble sentido, literario y manual. Sin pretensiones, funcional y limpio. El alcance, no obstante, abandera la complejidad de quien recupera las historias que aguardan ser rescatadas de un recorrido sacudido en los grandes hitos por una testosterona desmedida.

"Las mujeres nos encontramos en serios aprietos. Si no decimos nada más de lo que se ha dicho ya, somos aburridas y no hemos observado nada. Si decimos cosas nuevas, se burlan de nosotras y nos acusan de románticas y fabulosas".
Lady Mary Montagu, Constantinopla, 1716. 

Lady Mary Montagu. Fuente: Google Image Search.
Rompiendo moldes, desabrochándose el conservador y tradicional corsé de la decimonónica sociedad victoriana, calzándose con las botas portadoras de las siete leguas. Así comienza el viaje de estas mujeres inquietas, inconformistas, cultas, valientes, amantes de los retos y, sobre todo, fuera de lo común. 

Hazañas anónimas, desafiantes, en ocasiones sin medios, con un exiguo equipaje. Proezas rodeadas por la modestia que contribuyeron al conocimiento geográfico de unos territorios por cartografiar, y participaron, a la sombra, en importantes acontecimientos históricos.

1 de octubre de 2012

Fragmentos literarios


Las reseñas acostumbran al después, a las palabras que brotan en el poso de una lectura tamizada por la mirada del lector. Algo impaciente por sus dimensiones totémicas, he decidido no esperar más. Tampoco, interrumpirla. Ciertamente, compartila.

El autor, Mauricio Wiesenthal. Fuente: Google Image Search.
Estimulante podría definirla, una especie extraña. Una voz altisonante, también. Hasta donde he leído, las páginas de El esnobismo de las golondrinas, de Mauricio Wiesenthal, se suceden en una borrachera de ideas, en algo más que un libro de culto de viajes desprovisto de fronteras, en un soliloquio anárquico. El corte, sin duda, es clásico, de una personalísima idiosincrasia, fiel reflejo de su decimonónico autor. Ya lo aventura su particular título, de sutil melancolía.

Confieso una irrefrenable atracción hacia las obras de 'arcén', aquellas que se desvían del camino narrativo ya trillado y se proclaman, con la más firme de las intenciones, guías de un terreno indómito. Y hacia ese arrollador camino continúo no sin antes compartir, contigo, algunos de sus fragmentos. Antes, una advertencia del autor: «Éste es un libro parsimonioso, lento, oceánico, escrito como el vuelo de las golondrinas».
Portada del libro. Fuente: Google Image S.

«En El esnobismo de las golondrinas he querido convertir a los viajes en protagonistas, porque creo que algunos lugares tienen un alma y que todos los caminos, cuando se andan con libertad y valentía, son vías de iniciación».

«Andando por las orillas de los ríos aprendí que lo mejor es salir de viaje, asomarse con ilusión a la ruleta del mundo y sentirse —como el enamorado— con fuerzas para jugarlo todo a las cartas del deseo».

«Un buen viajero sabe que, cuando se pierde un tren en la vida, no hay más remedio que coger el siguiente sin mirar su destino...A fin de cuentas, lo que vale es viajar, elegir un paisaje, perseguir un sueño, cargar la propia maleta y renunciar al resto. No se pierden las cosas al ir».



24 de septiembre de 2012

'Los guardianes del lago', de Jordi Serrallonga


«Podemos con gran probabilidad afirmar que África fue antes habitada por especies que ya no existen, que eran muy parecidas al gorila o al chimpancé; y como quiera que estas dos especies son las que más se asemejan al ser humano, es también probable que nuestros antecesores habitasen África antes que cualquier otro continente.» 
 
 Charles Robert Darwin, El origen del ser humano (1871)  

Si después de leer estas palabras sientes 'la llamada de África', sigue leyendo. Africanistas, antropólogos, paleontólogos y arqueológos, también. Antes, una advertencia, esta es una lectura no válida para escépticos, pues los sueños (muchas veces) se cumplen. Y es que esta es la historia de un maasai blanco que tenía un sueño: viajar a África en busca del pasado para estudiar los orígenes remotos del ser humano.

Dejando de lado el detalle de la anécdota, aquella que deja al descubierto los episodios que han trazado el rumbo de su vida profesional y personal, a modo de cuaderno de campo de un arqueólogo, quisiera compartir a través de estas líneas el entusiasmo y la pasión que imprimen las páginas de este diario. Páginas que surcan en la biografía de un arqueólogo alentado por las gestas de los grandes exploradores decimonónicos.

Grupo de maasai frente al Ol Doinyo Lengai. Foto: Google.
Emulando al militar y explorador británico Speke, al célebre arqueólogo y egiptólogo Howard Carter, a personajes como el cartógrafo escocés de vastas e ignotas regiones del continente africano, David Livingstone, al británico Richard Burton o a Jordi Sabater Pi, padre de la primatología, Jordi Serrallonga ha logrado hacerse un hueco y desarrollar su labor de investigación de campo a través de numerosas expediciones al continente soñado. 

Impulsado por una serie de sucesos que marcaron para siempre el destino de sus investigaciones actuales, Jordi-lai también conocido entre los locales como John el largo, se desprende del texto académico para expresar el fascinante relato que le lleva a encontrar sus orígenes. Un relato protagonizado por un lugar, el lago Natron y, sobre todo, por un pueblo, la etnia maasai.  

Y tú, ¿cuál es tu sueño?

17 de septiembre de 2012

'Los trazos de la canción', de Bruce Chatwin


Dejando de lado el ejercicio de reducción y abreviación al que se deben las sinopsis y las pinceladas fútiles de sus autores, me aventuro en la cosmovisión aborigen de unas palabras que conectan con una geografía totémica.  

Un laberinto de itinerario encantado surca las páginas de una obra heteróclita, de estructura anárquica. Tal vez por ello, me alejo de cualquier intento por captar su esencia a modo de resumen. Son tierras cobrizas que excitan la imaginación del viajero, desbordada por paisajes de horizontes infinitos. Rastros invisibles de mapas cantados

Es entonces cuando, algo desconcertada por una lectura inaudita y extravagante, te encuentras atrapada por las misteriosas melodías que dibujan el camino a los arandas. Su complejidad elude toda posibilidad de descripción. Una acumulación interminable de detalles acompaña la lectura en un intento por captar el vínculo entre la canción y la tierra. Raíces de una maravillosa e intrincada composición, a veces mística, otras, fabulada.

«La música -respondió Arkadi- es un banco de memoria para encontrar el propio camino por el mundo »

Aborigen australiano tocando el didgeridoo. Fuente: Oliver Strewe, Lonely Planet Images.
 

12 de septiembre de 2012

Festa Major de Gràcia, un viatge d'estiu


S’acaba l’estiu i és el moment de recordar el rostre enginyós de Barcelona. Aquest mes d’agost, la ciutat ha tornat a inventar destins i escenaris, demostrant que no sempre és necessari sortir de casa per fer un viatge. Ho ha fet amb aires de festa, i amb un barri estimat pel seu potencial artístic. Com és tradició, el districte de Gràcia ha obert els seus carrers amb propostes creatives i amb dosis de reivindicació. El marc de la Festa Major ha ofert una setmana intensa en calor, talent i visites.

El Carrer Verdi, el referent del barri

Manel Rodés, membre de la Comissió de Festes de Gràcia i de la Junta del Carrer Verdi, supervisa el seu carrer en els dies previs de les Festes. Un conjunt de veïns apilonen papers de diari, llaunes, fustes i eines vàries per començar a engalanar la zona. Fa un any que emmagatzemen idees i material i ara ha arribat el moment d’explotar creativitat i esforços. Aquest any, el carrer invita a passejar per un Far West, ‘amb un estil perfeccionista i quisquillós’, com diu Rodés. Una entrada al fort, un saló de ball i una zona dedicada als indis, custodiats pel Gran Canyó del Colorado. Tot, a base de fustes tallades, cactus fets de llaunes i mongetes seques, làmpares de luxe a partir d’ampolles de plàstic i pedres fetes de paper.


Construint el Gran Canyó del Colorado al Carrer Verdi. Font: Carmina Balaguer.
Un escenari ideal per viatjar en el temps i en l’espai des d’un dels carrers més cèntrics del barri que, un cop més, ha merescut rebre un dels premis de la Festa, en aquest cas el Primer Premi d’Honor. Rodés parla del seu carrer com ‘un referent en la decoració de les Festes’. En els últims deu anys, el carrer Verdi ha rebut sis premis per la seva construcció de decorats. ‘Des de llavors, diu Rodés, ens hem alliberat de la pressió d’assolir el primer premi i podem construir el decorat que més ens agradi’. Nascut a Gràcia, viu el premi com una medalla d’or, una marca de satisfacció per ser capaç de fer somiar als que l’han fet i als que hi han passat.

Els orígens de la Festa

En motiu de la mare de Déu d’Agost, una de les places del barri va empènyer els inicis del que seria la Festa Major de Gràcia, en format d’enramades. Era la postguerra i, molts dels veïns, atrapats a la ciutat sense vehicle de transport propi, van començar a decorar els seus carrers. Eren actes espontanis, una manera de relacionar-se d’un barri casolà i inspirat.

L’arribada del cotxe a les famílies, va provocar una crisis a aquesta tradició, només mantenint  els adornaments a sis carrers del barri, els de la zona de baix, cuidada pels gitanos. Amb la democràcia, Verdi es va sumar com a setè carrer participatiu. Avui en són vint els que formen part d’aquesta expressió col·lectiva i els seus veïns preparen durant mesos el que serà la setmana més important per molts d’ells.

La Festa avui

Rodés parla clar. ‘Apostem pel reciclatge, primer, perquè creiem en la sostenibilitat, després, per manca de diners’. Degut a que algunes de les subvencions han baixat fins a un 40% o s’han deixat d’otorgar, els adornaments es mantenen gràcies a les loteries, la quota dels socis del carrer i la col·laboració dels veïns del barri, sempre atents, durant l’hivern, a crides de material susceptible a ser reciclat.


Decorat del Saló del Far West al Carrer Verdi. Font: Carmina Balaguer.
Segons Rodés, la Festa Major de Gràcia es desmarca de la resta de Festes de la ciutat per la seva identitat i el seu mètode organitzatiu. ‘Aquesta, explica, és una festa de base, la fa la gent, no una entitat. De baix aconseguim crear cap a d’alt’.

Poc abans del pregó inauguratiu, el barri va creixent dia a dia, en colors i formes. Una vintena de carrers s’exhibeixen obstinats, alguns amb un missatge, altres amb una simple intenció de gaudi. Molts dels veïns s’uneixen, altres observen els detalls amb un cert orgull. La gent camina còmplice, tothom espera l’inici d’una festa pròpia. I és que la Festa Major de Gràcia és una festa amb ànima, creada amb un esperit associatiu, emprenador i expressiu. Una festa de persones i escenes, d’història i obra.

10 de septiembre de 2012

Una geografía de género

"Lo cierto es que somos viajeros literarios", apuntó con su resuelta pluma el novelista y escritor de viajes inglés Bruce Chatwin. Unas irrefutables palabras para quienes, como una servidora, apuntamos los primeros esbozos del viaje hacia un horizonte delineado y habitado por la siempre evocadora, fascinante y tentadora literatura de viajes

Y es que nos encontramos ante un género al que encomendar las ensoñaciones de nuestros pasos, realicemos o no el anhelado viaje. Narraciones que a través de la fortaleza de la palabra han surcado los rincones de este planeta hasta hacerse un hueco en la narrativa del destino. Cicerones literarios, ríos de tinta que nos abren a experiencias perceptivas que muchos han utilizado en la construcción de sus recuerdos de viaje.

Ilustración de Bwanadevil. Fuente: Google.
En este sugestivo universo, la balanza del género queda sobradamente descompensada hacia un compendio de obras que rezuman testosterona. Una desigual tradición cuyas raíces se remontan hasta el siglo XIX, tiempos en los que las mujeres eran consideradas "una plaga en los viajes y en las exploraciones difícil de combatir", como declaró un periodista de The Times. Además de ser excluídas como miembros de numerosas instituciones científicas y geográficas. "Su sexo y su entendimiento las hacen ineptas para la exploración y este tipo de trotamundos femeninos es uno de los mayores horrores de este fin de siglo XIX", expresarían algunos con franqueza brutal como el político conservador Lord Curzon. Un patrimonio considerado sólo para hombres al que las mujeres victorianas se enfrentaron y desafiaron con la valentía y la tenacidad de quien abraza a la temeridad y a la seducción de una ambulante vida.
Una situación que, por fortuna, abrió un nuevo capítulo tiempo después cuando Isabella Bird se convirtió en la primera mujer miembro de la Real Sociedad Geográfica de Londres en 1892, más de sesenta años después de su fundación. A otros como al Explorers Club les costaría bastante más admitir entre sus filas a una mujer, una cita que se retrasó hasta 1981. Una ansiada ruptura categórica pespunteada por el comienzo de una larga lista de intrépidas y aventureras que aún a día de hoy deben sortear las pretéritas limitaciones asociadas al género. Con unas costuras aún por remendar, cada vez son más las sociedades y asociaciones vinculadas al viaje que, ante una admisión engorrosa deciden tomar la iniciativa. Tal es el caso de La Sociedad de Mujeres Geógrafas, creada en Washington en 1925 por cuatro amigas dedicadas al mundo de la geografía, la antropología o la exploración.

En un escenario cuya naturaleza está por encima del rostro femenino o masculino del viaje, cuesta creer la división reiterada de un fenómeno, el del viaje y su institucionalización, al que todavía le cuesta salir de la persistencia de la desigualdad de género en este camino de avances y retrocesos. ¿Hasta cuándo?

7 de septiembre de 2012

Retrato de un observador de trenes

Su boca es lo primero que se ve. Se abre buscando complicidad. Giusto? Me quedo en silencio, atenta a una forma humana que juega  a transformarse. El labio superior asciende medio centímetro, el labio inferior le acompaña. Ambos se juntan hasta encontrar un punto de comodidad en el que flotar unos segundos. El dibujo se deshace de golpe. Él repite. Giusto?

Son las tres del mediodía. El sol arranca la voz de cualquier foráneo. Salta a través de las esquinas, inundando el compás de un pueblo pasivo. La presencia en la estación es hueca. La habitación donde me recoge, apática. Cada exhalación se expande por los poros de una espalda húmeda. Algunas de sus frases se construyen sin artículos. Unos cuantos verbos sueltos acompañados de los adverbios justos. Pocas descripciones. Evita aplicar un esfuerzo a una voz acalorada. Un acto de practicidad de un observador entrenado.

Árbitro de trenes heredados de su bisabuelo, está feliz de ser el exponente de un linaje masculino. Su mueca le reafirma en este espacio árido, compañera de esperas reiterativas. Enciende un cigarrillo. Con él, absorbe la poca vida que queda en el lugar. La sorbe con fuerza. El cigarro se incorpora a esta sincronía coreográfica. Al principio, un poco torpe. Después, encaja con precisión. Encuentra su estilo.

Fuente: Carmina Balaguer. Estación de la Circumetnea de Bronte, Catania.
Detrás de él, un par de retratos. Los dos, Madonnas con velos diferentes. Una, se la han mandado por correo. La otra, no se acuerda. El resto de la sala, sencillo e insípido. Cuatro papeles plegados y un gran radio cassette de color negro por el que emerge una canción dance a volumen alto. Ésta, se pelea con la infección silenciosa de las vías.

Se sienta en medio de su mesa, las piernas ampliamente separadas. El cinturón, apretado, retiene los horarios de una jornada prolongada. El pie, mantiene un ritmo sincopado con el resto de su boca. Las puertas de la sala, abiertas. Por ellas, traspasa el olor de unas vías desgastadas, más por su falta de roce que por una actividad, hoy casi inexistente.

Le gusta recordar. Combina cada mueca con una imagen de infancia. Pregunta. Aprendo a responder. Le cuesta desfijar su mirada, siempre recta hacia delante, advertida a controlar un terreno casi muerto. Gira su cabeza cuando se despista, deformando aún más unos labios ahora descubiertos.

Su nombre es Salvatore Pace, una marca predestinada a trabajar desde el silencio. Giusto?, repite. Sus labios siguen ascendiendo medio centímetro, acostumbrados a dejar pasar el tiempo. Un acto de supervivencia. Un pacto con la vida.

3 de septiembre de 2012

'Historias secretas de Birmania', de Emma Larkin


En la literatura y narrativa de viajes busco ventanas a las que asomarme, puertas que atravesar. Singulares atalayas desde las cuales sumergirme en el imaginario que imprimen las palabras. Y, sobre todo, viajar.

"Birmania libre". Fuente: Rusty Stewart.
En esta ocasión, el destino elegido es Birmania (actual Myanmar). Comprometida por el tiempo que pasé junto a la ONG Colabora Birmania en la localidad fronteriza tailandesa de Mae Sot, sucumbo a la lectura de la periodista Emma Larkin. Junto a ella y con las obras de George Orwell en el bolsillo, me adentro en el universo oculto que solo puede susurrarse, amén de un Gobierno militar responsable del destino oprimido en el que vive el pueblo birmano desde hace más de cinco décadas. "No podemos hablar ni escribir de lo que realmente está sucediendo en Birmania", afirma uno de los numerosos testimonios birmanos que la autora recoge durante su viaje.

Portada del libro. Fuente: Google.
La lectura avanza con sigilo, desmantelando la imagen turística de "una tierra dorada de pagodas y gente sonriente", donde los guías turísticos birmanos "se forman siguiendo un programa gubernamental que les enseña a no comentar temas políticos con los turistas". Llegar al país tampoco es tarea fácil. Intenté hacerlo por el único paso fronterizo que permanecía abierto, pero la estancia se limitaba a menos de veinticuatro horas. Si deseaba entrar, tendría que desplazarme hasta Bangkok, solicitar un visado de turista no garantizado y finalmente volar hasta Rangún. Preferí quedarme en Mae Sot, no por evitar a la siempre cansina burocracia, sino por permanecer al arrimo de los miles de refugiados e inmigrantes birmanos que se ven obligados a desplazarse hasta la vecina Tailandia en busca de horizontes despejados.

El lector, sugestionado por el relato que transcurre en terreno delicado, se aproxima a una orografía donde los protagonistas son las fangosas regiones del delta del río Irrawaddy, las montañas del norte o la ciudad de Mandalay, entre otras paradas. Una ruta trazada por los lugares donde el escritor Orwell vivió.

Y es que los capítulos avanzan en una suerte de narrativa trenzada a modo de testimonio, creando un universo paralelo de verdades e historias secretas que el lector tiene oportunidad de descubrir. Capítulos que revelan estados de conciencia. Capítulos que traen a la luz el pensamiento cautivo.

27 de agosto de 2012

'Manual para viajeras', de Sandra Canudas


Si eres una potencial viajera de impulso contenido y necesitas un pequeño empujón, sigue leyendo. He aquí la ligereza y practicidad que presentan los manuales de argumento concentrado, con la profundidad que proporciona la experiencia de quien lo escribe.

                 Portada del libro. Fuente: Google.
De lectura ágil y resuelta, este 'Manual para viajeras' de Sandra Canudas se presenta con la voluntad solidaria de compartir con el público femenino, el conocimiento adquirido a lo largo de sus viajes. Una nutrida experiencia como viajera solitaria que ahora se traduce en esta suerte de libro-guía, una compilación de consejos prácticos que alentarán el ignorado espíritu intrépido de más de una. Palabras que aleccionan en un sector, el del viaje, donde las mujeres ocupan una posición destacada alejada de interpretaciones superficiales que alegan una visión feminista.

Las recomendaciones abarcan un camino firme sobre el que atenuar dudas y temores. Desde cuestiones elementales como la vestimenta, el equipaje o la seguridad, a una interesante bibliografía para viajeras con la que documentarnos. La parte más interesante, empero, queda reservada al sexto y último capítulo, dedicado a "Destinos: cómo actuar en cada región". El objetivo, aclarado por la autora, es la de conformar una idea global de lo que conlleva viajar a determinados lugares del planeta. Un resultado subjetivado cuyo valor reside, precisamente, en el extracto madurado de las propias vivencias de Sandra Canudas. Y tú, ¿te atreves?

Si quieres, puedes hojearlo a través de Google books. 

20 de agosto de 2012

África en blanco y negro


Porque a veces el viaje se evidencia ante geografías descarnadas por la miseria, sacudiendo la mirada del viajero, causando una honda y vertiginosa impresión. Porque presentarlo de poco sirve cuando el objeto fotografiado reclama la denuncia tantas veces aparcada, donde la intensidad cromática del blanco y negro acentúan el dramatismo de la trágica escena. 

Sebastiao Salgado. Fuente: Google.
Vidas apuñaladas por un destino desleal, corresponde al receptor de conciencias, el ejercicio de prospección implícito en cada fotografía... "Espero que la persona que entre en mis exposiciones no sea la misma al salir", comenta el fotógrafo brasileño Sebastiao Salgado. Apuntando allí donde se cruzan miradas y se unen sensibilidades, surge entonces una especie de diálogo con las fotografías. Hambre, pobreza y violencia tematizan la esencia de cada retrato, en un paisanaje que cubre treinta años de fotoperiodismo por el continente africano. Imágenes que hilvanan magistralmente los grandes temas tratados por Salgado, como son la guerra, el trabajo y las migraciones. Cuestiones abordadas con la plausible delicadeza de quien se erige como un exponente de la fotografía sociodocumental

He aquí un altavoz visual de unas voces agrietadas que musitan vidas silenciadas. Positivados de gran formato que subyugan poderosamente a las emociones

    Una mujer desnutrida y deshidratada espera su turno en el hospital de Gourma Rharous. Malí, 1985. Fuente: S. Salgado.
   Éxodo de aldeanos entre Tokar y Kanora, en busca de un campo de refugiados. Región del Mar Rojo, Sudán, 1985. Fuente: S. Salgado.











    Grupo Dinka en el campamento ganadero de Pagarau. Sur de Sudán, 2006. Fuente: S. Salgado.
    Escuela de niñas en Jamame. Somalia, 2001. Fuente: S. Salgado.

13 de agosto de 2012

'El pez escorpión', de Nicolas Bouvier


Hicieron falta algo más de dos décadas para que el infatigable viajero, escritor y fotógrafo suizo Nicolas Bouvier se decidiera a contarnos la historia que encierra las páginas de este singular ejemplar, 'El pez escorpión'. Una trama que acontece en un sombrío, de gesto adusto, año 1955.

El interior de un universo alucinado y confundido se convierte en el escenario donde transcurren los paisajes de una prosa que aquí se exhibe con la densidad de un estilo magistral. Las sombras oscurecidas por la experiencia de un viaje iniciático (que comienza dos años atrás a los mandos de un legendario Fiat Topolino junto a su amigo, el pintor Thierry Vernet), emergen protagonistas en un camino descarnado, consumido por un fuerte estado febril, cicerone que le adentra en su particular Zona de Silencio.

Sacudido por un entorno deslavazado, asistimos a las profundidades de un abismo que acongoja a nuestro protagonista, enfermo y deprimido, durante siete meses, a la espera de que su situación económica y personal mejore, con la esperanza de proseguir semejante viaje.

Nicolas Bouvier en una foto de archivo. Fuente: Google.
La lectura avanza temblorosa en las sinuosidades que marca cada palabra. Una ondulación que zigzaguea en un sendero agrietado y horadado. "No se pueden imaginar hasta qué punto mi vida aquí puede ser cansada. Esta observación permanentemente a caballo entre lo real y lo oculto me mata. Mi cabeza se resiste a abrirse y me duele [...] Los empleados de correos me pierden con arrogancia esas cartas de Europa que necesito tanto como la sangre. Así que me quedé en la última, en donde ustedes me dicen que esta estadía no me sirve de nada, que la Isla me está quemando los nervios y que no es posible encargarse de lo que les envío, pues el lector occidental no está preparado. Estoy de acuerdo, pero viajo para aprender y nadie me había enseñado lo que estoy descubriendo aquí".

Afligido por una realidad desconcertante y descompuesta, sorprende la lucidez con la que el autor rememora, desde la consistencia que proporciona el espíritu reposado, su estadía en tierras que acarician al subcontinente indio. La reflexión asoma su perspicacia y sensatez en este viaje desmoronado, pues como señala Bouvier "no se viaja para adornarse de exotismo y de anécdotas como un árbol de Navidad, sino para que el camino nos desplume, nos enjuague, nos exprima [...]. Se aleja uno de las coartadas, de las maldiciones natales [...]. Sin ese desapego y esa transparencia, ¿cómo esperar que los demás vean lo que uno ha visto? Volverse reflejo, eco, corriente de aire, mudo invitado al pequeño rincón de la mesa antes de decir cualquier cosa".

Una interrogación continuamente suspendida planea sobre la superficie de cada página, y da cuenta de esta existencia cuyo sentido, por lo general, se nos escapa. Una lección surcada en el delirio, discreta, murmurada y coherente. El viaje como objeto de metamorfosis.

6 de agosto de 2012

Dos ensayos y una lectura reincidente


Letras suspendidas en la levedad de la sutileza. Profundidades que abrazan la visión subjetiva del autor. Invitaciones literarias cursadas por dos grandes figuras de la literatura inglesa, que en el sosiego del estío, cautivan nuestro apetito con esta suerte de libro pigmeo que reúne dos ensayos: 'Ir de viaje', de William Hazlitt (1773-1850) y 'Excursiones a pie', del afamado Robert L. Stevenson (1850-1894).

Fuente: Google.
Mecida por esta sinuosa prosa de ideas me enfrasco en la lectura de este género libre, acompañada del desparpajo y la personalísima imprevisibilidad con la que estos dos autores avanzan por terreno solitario, sometidos al escrutinio de la experiencia personal en torno al tema del viaje. Una conversación silenciosa en la que el lector aproxima su mirada sometiendo los gustos y las opiniones de sus contertulios a la báscula interna. Observaciones, referencias literarias y recuerdos personales se entremezclan dando lugar a unas sugestivas afinidades y paralelismos, donde Stevenson toma el relevo generacional e incluso se hace eco de él en sus propias páginas.

De lectura breve pero, sobre todo, reincidente, el viajero encontrará en este primoroso ejemplar un tono confidencial de destreza hábil y esmerada, alejado de pensamientos obtusos. Una atalaya desde donde intercambiar impresiones y dialogar en el silencio que imprime el arte de caminar. Persuadida por el uso poético del lenguaje, por la prosa rítmica y vivaz, no puedo estar más de acuerdo cuando Hazlitt sostiene que "el alma de un viaje es la libertad, la perfecta libertad, de pensar, de sentir y hacer exactamente lo que a uno le place. Vamos de viaje principalmente para vernos libres de todos los impedimentos y todas las molestias; para dejarnos atrás a nosotros mismos mucho más que para librarnos de los demás".

Una reflexión con la que el ensayista inglés subraya una voluntad, la idea del tanteo, la inquietud de paladear las cosas por uno mismo. Una visión que, cinco décadas después, retoma Stevenson al afirmar que "una excursión a pie debe emprenderse en solitario porque su esencia es la libertad, porque uno debe poder detenerse y continuar, seguir un camino y otro a su antojo; y porque uno debe poder ir a su propio ritmo [...] abierto a todas las impresiones y dejar que sus pensamientos adquieran el color de lo que ve". Que así sea.

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