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19 de noviembre de 2012

'En la Patagonia', de Bruce Chatwin


Nunca he estado en la Patagonia, esa imponente y fascinante región austral de América del Sur, situada en las lindes del fin del mundo. Tal vez por ello me sentí atraída por la lectura de una obra clásica de la literatura de viajes que lleva por título el mismo nombre.

Parque Nacional Los Glaciares. Fuente: www.patagonia-argentina.com
Decía Bruce Chatwin que "viajamos literariamente". Y así es, pues el lector que decide adentrarse en la lectura de En la Patagonia pronto descubre un universo que combina mirada y escritura, redactado vívidamente en el tiempo de la historia. Una obra moldeada por un escenario indómito que despierta la ensoñación, protagonista de tanta tinta derramada. Desde el principio, el lector advierte que se encuentra ante una elocuencia inagotable, donde las palabras brotan con la reverberación de una letanía.

"Todos necesitan del acicate de una búsqueda para vivir; para el viajero ese acicate reside en cualquier sueño", así comienza la obra con la que debutó el autor, narrador y cronista a los 37 años. Dividida en noventa y siete capítulos que ceden el paso a la micronarración, En la Patagonia se sitúa en una zona de cruce entre la ficción y la crónica periodística, esculpida por la pequeña historia, donde se dan cita los encuentros y formas de construir al otro. 

En este sentido, es en la alteridad donde el viajero halla las variadas formas expresivas que suelen acompañar al escritor británico. Pues en este libro que tiene por decorado al extraordinario paisaje patagónico, son las huellas de los personajes de un mundo singular las que marcan el rastro de la lectura, estimuladas por el recuerdo infantil de un supuesto trozo de piel de brontosauro. A lo largo de la obra, la búsqueda dibuja el trazo de unas páginas que se mueven a un ritmo que da relieve al paisaje.

Palpitante y hormigueante lectura. Tal vez, con esta obra, Bruce Chatwin comprendió las palabras del almirante y explorador Richard E. Bird al afirmar que "la naturaleza tiene buenas razones para exigir sacrificios especiales a aquellas personas decididas a contemplarla".

"Il n'y a plus que la Patagonie, la Patagonie, qui convienne à mon inmense tristesse..."
Blaise Cendrars, Prose du Transsibérien.

29 de octubre de 2012

'¿Qué hago yo aquí?', de Bruce Chatwin


"Cuéntele historias al jovendijo doña Lucerina—. Quiere oír historias".

Con las pupilas dilatadas. Así termino la lectura de ¿Qué hago yo aquí?, obra póstuma que el viajero, escritor y novelista británico, Bruce Chatwin, nos dejó como una ventana abierta a su mundo. Un interesante e instructivo espectáculo narrativo en el que se percibe el sesgo irresistible, propio de quien demuestra una técnica impecable.

Déjenme aclarar que no es ésta una compilación de páginas ordinaria, sino una fértil llanura cuajada de un grupo heterogéneo de relatos, brillantemente coloreados en un mar de objetos de recuerdo, extractos de su paso por varias publicaciones. 

Confieso que produce una extraña y atractiva impresión comenzar a leer por donde a uno le plazca, pues el orden no afectará al resultado. No importa si decides embadurnarte de las crónicas que acompañan a sus textos referidos a los Viajes, a las Gentes y luego te dejas llevar por los Relatos del mundo del arte, los Extraños encuentros, para terminar sorbiendo cada palabra con China y el Escrito para familia y amigos. 

El autor, Bruce Chatwin, en una foto de archivo. Fuente: Google.

Todos, sin excepción, tienen la fragancia de una prosa lúcida, azotada por ráfagas de gran sensibilidad que denotan su poder de observación avezado, de aforística brillantez. En ellos Chatwin no aparta la vista, ni tampoco el resto de los sentidos; se sirve de éstos como una atalaya desde donde los exprime y apoya la voz.

La lectura, recuerden, se presenta episódica y fragmentada, pero sobre todo, y lo que resulta más interesante, es su arquitectura de corte anárquica, desprovista de molde fruto de un genuino cazador de historias.

22 de octubre de 2012

La literatura de viajes, un género diferenciado


Entre los insondables escenarios de la literatura hay quienes todavía consideran la literatura de viajes un subgénero de la narrativa. Un estatus de nivel inferior constreñido, a menudo, por los arquetipos tradicionales que rodean a la concepción clásica y rígida de los géneros literarios.

Una llamativa valoración que sorprende si tenemos en cuenta que basta con echar la vista atrás para encontrarnos con libros de viajes desde la Antigüedad grecolatina y su más célebre representante, el historiador y geógrafo griego Heródoto.

No obstante y a pesar de las oscilantes valoraciones que proporcionan todavía los anclajes del pasado, localizamos en ellos una pluralidad de informaciones. En este sentido, su lectura nos conduce a un nutrido y enriquecedor sendero, muchas veces fuente de conocimiento geográfico, antropológico, etnográfico, histórico, entre otras disciplinas. 

Por su forma, contenido, estilo e impronta en la historia de la literatura, son muchas las cuestiones que lo diferencian y le otorgan la merecida distinción de un género propio y maduro. Y es que, en el debate de los géneros donde estos aparecen, desaparecen y se transforman, son muchos los defensores que aparcan el complejo ámbito de lo subjetivo y subrayan las virtudes de un género con solera, casi tres mil años de historia le avalan.

Fuente: Google Image Search.
“Tratar de describir la génesis de la Literatura de Viajes, es tarea no fácil, ya que existen pocos estudios críticos al respecto. Hacer un análisis sistemático y riguroso de los aspectos formales, estructurales o temáticos de dicho género literario es, en todo momento, una tarea apasionante....Podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que el ser humano ha sentido la necesidad de viajar, e igualmente ha sentido la necesidad de dejar constancia de haber realizado el viaje. Cuando estas dos premisas se unen, aparece lo que denominamos Literatura de Viaje. A lo largo de la historia de la humanidad, en todas las épocas, en todos los países y en todas las culturas, se han escrito relatos de viajes. En unos casos eran reales, en otros ficticios, imaginativos o descriptivos, poéticos, fantásticos o novelados”, sostiene la sevillana Soledad Porras, profesora de filología italiana.

"Una cosa es el turismo y las guías de viajes y otra cosa es la literatura de viajes. Es un género con sus normas propias", afirma el viajero, escritor y periodista Javier Reverte.

Tal vez habrá quienes todavía les cueste desprenderse de anquilosadas clasificaciones que acontecieron en la Antigüedad clásica. Tiempo después y, sobre todo, de unos anaqueles repletos de referencias bibliográficas, nos han demostrado que la tradición deviene en un fenómeno elástico y, como tal, mutable a las circunstancias contemporáneas que lo acompañan.

En palabras de Manuel Lucena Giraldo y Miguel Ángel Puig-Samper, "la literatura de viajes, un nuevo género hecho de ropajes demasiado viejos".

15 de octubre de 2012

'El libro de las maravillas', de Fernando Clemot


Un ovillo de recuerdos, refugio de tinieblas, de sombras que caminan al lado aferradas a un pretérito sacudido por ese azar que malogra mañanas. Entre las entrañas de la memoria, del reclamo del olvido, en el papel de Rustichello o de Marco Polo, camina la obra del escritor y editor Fernando Clemot.

'El libro de las maravillas' se muestra al lector como una propuesta literaria untuosa, adherida y potente. Podría ser este un singular libro de viajes sin pretenderlo, pues aquí el viaje aparece reposado y enmarañado en los compases asincopados de una melodía, a veces quejumbrosa, que entona la memoria de varias voces, de vidas paralelas trazadas; consuelo estéril de un final, a pesar de todo, inalterable.

Portada del libro. Fuente: Google Image Search.
Un guión, un personaje que trata de desdibujar lo trazado para acariciar otros caminos no realizados, ahora soñados que descansan en las vivencias y los viajes de otros. Un pretérito que trata de recuperar en la trama y urdimbre de los vocablos. Retazos de varias voces ahora remendadas e hilvanadas magistralmente en torno al metarrelato. Así se sostiene esta novela de carácter arriesgado y resultado conquistado.  

Y es que "la memoria de nuestro pasado está parcheada muchas veces con retales de vidas ajenas, con historias que nos contaron o nos figuramos haber vivido", sostiene el autor en una ineludible reflexión que acude al lector, ahora rodeado por una multiplicidad de significados, sacudidos por un refuljo ácido. Resulta entonces inevitable adoptar el papel de Rustichello, y esperar a las historias que acuden a las orillas de otros personajes, de Bessa, Bridoso y Clara, mecidas por una memoria aquejada por el fantasma de las ocasiones perdidas. 

"Invocar los recuerdos para alimentarse de ellos [...]", nos recuerda. Vía libre.


8 de octubre de 2012

'Viajeras intrépidas y aventureras', de Cristina Morató


"No por azar aventura es del género femenino. Las correrías con riesgo han sido y son dominio de la mujer tanto como del hombre. Claro que cuando se trata de ilustrar el espíritu de aventura, la historia retiene primero a los nombres de Marco Polo, Colón, Magallanes, Elcano, Cook, Stanley, Amundsen, Lindberg. [...] Ya es hora de que salgan a la luz las peripecias de las mujeres viajeras". 

Así arranca, con determinación, desde el vestíbulo que el viajero, periodista y escritor Manu Lenguineche dedica a la autora catalana, Cristina Morató. Ha pasado algo más de una década desde que esta viajera, periodista, escritora y fotógrafa escribiera lo que pronto se convertiría en mi libro de cabecera

Gracias, en parte, a la vitalidad estética que irradia aquí el significado de las palabras escogidas. Y es que la lectura avanza ágil y ordenada, acomodada en la cortesía de la claridad de un libro vívido que exalta el doble sentido, literario y manual. Sin pretensiones, funcional y limpio. El alcance, no obstante, abandera la complejidad de quien recupera las historias que aguardan ser rescatadas de un recorrido sacudido en los grandes hitos por una testosterona desmedida.

"Las mujeres nos encontramos en serios aprietos. Si no decimos nada más de lo que se ha dicho ya, somos aburridas y no hemos observado nada. Si decimos cosas nuevas, se burlan de nosotras y nos acusan de románticas y fabulosas".
Lady Mary Montagu, Constantinopla, 1716. 

Lady Mary Montagu. Fuente: Google Image Search.
Rompiendo moldes, desabrochándose el conservador y tradicional corsé de la decimonónica sociedad victoriana, calzándose con las botas portadoras de las siete leguas. Así comienza el viaje de estas mujeres inquietas, inconformistas, cultas, valientes, amantes de los retos y, sobre todo, fuera de lo común. 

Hazañas anónimas, desafiantes, en ocasiones sin medios, con un exiguo equipaje. Proezas rodeadas por la modestia que contribuyeron al conocimiento geográfico de unos territorios por cartografiar, y participaron, a la sombra, en importantes acontecimientos históricos.

1 de octubre de 2012

Fragmentos literarios


Las reseñas acostumbran al después, a las palabras que brotan en el poso de una lectura tamizada por la mirada del lector. Algo impaciente por sus dimensiones totémicas, he decidido no esperar más. Tampoco, interrumpirla. Ciertamente, compartila.

El autor, Mauricio Wiesenthal. Fuente: Google Image Search.
Estimulante podría definirla, una especie extraña. Una voz altisonante, también. Hasta donde he leído, las páginas de El esnobismo de las golondrinas, de Mauricio Wiesenthal, se suceden en una borrachera de ideas, en algo más que un libro de culto de viajes desprovisto de fronteras, en un soliloquio anárquico. El corte, sin duda, es clásico, de una personalísima idiosincrasia, fiel reflejo de su decimonónico autor. Ya lo aventura su particular título, de sutil melancolía.

Confieso una irrefrenable atracción hacia las obras de 'arcén', aquellas que se desvían del camino narrativo ya trillado y se proclaman, con la más firme de las intenciones, guías de un terreno indómito. Y hacia ese arrollador camino continúo no sin antes compartir, contigo, algunos de sus fragmentos. Antes, una advertencia del autor: «Éste es un libro parsimonioso, lento, oceánico, escrito como el vuelo de las golondrinas».
Portada del libro. Fuente: Google Image S.

«En El esnobismo de las golondrinas he querido convertir a los viajes en protagonistas, porque creo que algunos lugares tienen un alma y que todos los caminos, cuando se andan con libertad y valentía, son vías de iniciación».

«Andando por las orillas de los ríos aprendí que lo mejor es salir de viaje, asomarse con ilusión a la ruleta del mundo y sentirse —como el enamorado— con fuerzas para jugarlo todo a las cartas del deseo».

«Un buen viajero sabe que, cuando se pierde un tren en la vida, no hay más remedio que coger el siguiente sin mirar su destino...A fin de cuentas, lo que vale es viajar, elegir un paisaje, perseguir un sueño, cargar la propia maleta y renunciar al resto. No se pierden las cosas al ir».



17 de septiembre de 2012

'Los trazos de la canción', de Bruce Chatwin


Dejando de lado el ejercicio de reducción y abreviación al que se deben las sinopsis y las pinceladas fútiles de sus autores, me aventuro en la cosmovisión aborigen de unas palabras que conectan con una geografía totémica.  

Un laberinto de itinerario encantado surca las páginas de una obra heteróclita, de estructura anárquica. Tal vez por ello, me alejo de cualquier intento por captar su esencia a modo de resumen. Son tierras cobrizas que excitan la imaginación del viajero, desbordada por paisajes de horizontes infinitos. Rastros invisibles de mapas cantados

Es entonces cuando, algo desconcertada por una lectura inaudita y extravagante, te encuentras atrapada por las misteriosas melodías que dibujan el camino a los arandas. Su complejidad elude toda posibilidad de descripción. Una acumulación interminable de detalles acompaña la lectura en un intento por captar el vínculo entre la canción y la tierra. Raíces de una maravillosa e intrincada composición, a veces mística, otras, fabulada.

«La música -respondió Arkadi- es un banco de memoria para encontrar el propio camino por el mundo »

Aborigen australiano tocando el didgeridoo. Fuente: Oliver Strewe, Lonely Planet Images.
 

10 de septiembre de 2012

Una geografía de género

"Lo cierto es que somos viajeros literarios", apuntó con su resuelta pluma el novelista y escritor de viajes inglés Bruce Chatwin. Unas irrefutables palabras para quienes, como una servidora, apuntamos los primeros esbozos del viaje hacia un horizonte delineado y habitado por la siempre evocadora, fascinante y tentadora literatura de viajes

Y es que nos encontramos ante un género al que encomendar las ensoñaciones de nuestros pasos, realicemos o no el anhelado viaje. Narraciones que a través de la fortaleza de la palabra han surcado los rincones de este planeta hasta hacerse un hueco en la narrativa del destino. Cicerones literarios, ríos de tinta que nos abren a experiencias perceptivas que muchos han utilizado en la construcción de sus recuerdos de viaje.

Ilustración de Bwanadevil. Fuente: Google.
En este sugestivo universo, la balanza del género queda sobradamente descompensada hacia un compendio de obras que rezuman testosterona. Una desigual tradición cuyas raíces se remontan hasta el siglo XIX, tiempos en los que las mujeres eran consideradas "una plaga en los viajes y en las exploraciones difícil de combatir", como declaró un periodista de The Times. Además de ser excluídas como miembros de numerosas instituciones científicas y geográficas. "Su sexo y su entendimiento las hacen ineptas para la exploración y este tipo de trotamundos femeninos es uno de los mayores horrores de este fin de siglo XIX", expresarían algunos con franqueza brutal como el político conservador Lord Curzon. Un patrimonio considerado sólo para hombres al que las mujeres victorianas se enfrentaron y desafiaron con la valentía y la tenacidad de quien abraza a la temeridad y a la seducción de una ambulante vida.
Una situación que, por fortuna, abrió un nuevo capítulo tiempo después cuando Isabella Bird se convirtió en la primera mujer miembro de la Real Sociedad Geográfica de Londres en 1892, más de sesenta años después de su fundación. A otros como al Explorers Club les costaría bastante más admitir entre sus filas a una mujer, una cita que se retrasó hasta 1981. Una ansiada ruptura categórica pespunteada por el comienzo de una larga lista de intrépidas y aventureras que aún a día de hoy deben sortear las pretéritas limitaciones asociadas al género. Con unas costuras aún por remendar, cada vez son más las sociedades y asociaciones vinculadas al viaje que, ante una admisión engorrosa deciden tomar la iniciativa. Tal es el caso de La Sociedad de Mujeres Geógrafas, creada en Washington en 1925 por cuatro amigas dedicadas al mundo de la geografía, la antropología o la exploración.

En un escenario cuya naturaleza está por encima del rostro femenino o masculino del viaje, cuesta creer la división reiterada de un fenómeno, el del viaje y su institucionalización, al que todavía le cuesta salir de la persistencia de la desigualdad de género en este camino de avances y retrocesos. ¿Hasta cuándo?

13 de agosto de 2012

'El pez escorpión', de Nicolas Bouvier


Hicieron falta algo más de dos décadas para que el infatigable viajero, escritor y fotógrafo suizo Nicolas Bouvier se decidiera a contarnos la historia que encierra las páginas de este singular ejemplar, 'El pez escorpión'. Una trama que acontece en un sombrío, de gesto adusto, año 1955.

El interior de un universo alucinado y confundido se convierte en el escenario donde transcurren los paisajes de una prosa que aquí se exhibe con la densidad de un estilo magistral. Las sombras oscurecidas por la experiencia de un viaje iniciático (que comienza dos años atrás a los mandos de un legendario Fiat Topolino junto a su amigo, el pintor Thierry Vernet), emergen protagonistas en un camino descarnado, consumido por un fuerte estado febril, cicerone que le adentra en su particular Zona de Silencio.

Sacudido por un entorno deslavazado, asistimos a las profundidades de un abismo que acongoja a nuestro protagonista, enfermo y deprimido, durante siete meses, a la espera de que su situación económica y personal mejore, con la esperanza de proseguir semejante viaje.

Nicolas Bouvier en una foto de archivo. Fuente: Google.
La lectura avanza temblorosa en las sinuosidades que marca cada palabra. Una ondulación que zigzaguea en un sendero agrietado y horadado. "No se pueden imaginar hasta qué punto mi vida aquí puede ser cansada. Esta observación permanentemente a caballo entre lo real y lo oculto me mata. Mi cabeza se resiste a abrirse y me duele [...] Los empleados de correos me pierden con arrogancia esas cartas de Europa que necesito tanto como la sangre. Así que me quedé en la última, en donde ustedes me dicen que esta estadía no me sirve de nada, que la Isla me está quemando los nervios y que no es posible encargarse de lo que les envío, pues el lector occidental no está preparado. Estoy de acuerdo, pero viajo para aprender y nadie me había enseñado lo que estoy descubriendo aquí".

Afligido por una realidad desconcertante y descompuesta, sorprende la lucidez con la que el autor rememora, desde la consistencia que proporciona el espíritu reposado, su estadía en tierras que acarician al subcontinente indio. La reflexión asoma su perspicacia y sensatez en este viaje desmoronado, pues como señala Bouvier "no se viaja para adornarse de exotismo y de anécdotas como un árbol de Navidad, sino para que el camino nos desplume, nos enjuague, nos exprima [...]. Se aleja uno de las coartadas, de las maldiciones natales [...]. Sin ese desapego y esa transparencia, ¿cómo esperar que los demás vean lo que uno ha visto? Volverse reflejo, eco, corriente de aire, mudo invitado al pequeño rincón de la mesa antes de decir cualquier cosa".

Una interrogación continuamente suspendida planea sobre la superficie de cada página, y da cuenta de esta existencia cuyo sentido, por lo general, se nos escapa. Una lección surcada en el delirio, discreta, murmurada y coherente. El viaje como objeto de metamorfosis.

6 de agosto de 2012

Dos ensayos y una lectura reincidente


Letras suspendidas en la levedad de la sutileza. Profundidades que abrazan la visión subjetiva del autor. Invitaciones literarias cursadas por dos grandes figuras de la literatura inglesa, que en el sosiego del estío, cautivan nuestro apetito con esta suerte de libro pigmeo que reúne dos ensayos: 'Ir de viaje', de William Hazlitt (1773-1850) y 'Excursiones a pie', del afamado Robert L. Stevenson (1850-1894).

Fuente: Google.
Mecida por esta sinuosa prosa de ideas me enfrasco en la lectura de este género libre, acompañada del desparpajo y la personalísima imprevisibilidad con la que estos dos autores avanzan por terreno solitario, sometidos al escrutinio de la experiencia personal en torno al tema del viaje. Una conversación silenciosa en la que el lector aproxima su mirada sometiendo los gustos y las opiniones de sus contertulios a la báscula interna. Observaciones, referencias literarias y recuerdos personales se entremezclan dando lugar a unas sugestivas afinidades y paralelismos, donde Stevenson toma el relevo generacional e incluso se hace eco de él en sus propias páginas.

De lectura breve pero, sobre todo, reincidente, el viajero encontrará en este primoroso ejemplar un tono confidencial de destreza hábil y esmerada, alejado de pensamientos obtusos. Una atalaya desde donde intercambiar impresiones y dialogar en el silencio que imprime el arte de caminar. Persuadida por el uso poético del lenguaje, por la prosa rítmica y vivaz, no puedo estar más de acuerdo cuando Hazlitt sostiene que "el alma de un viaje es la libertad, la perfecta libertad, de pensar, de sentir y hacer exactamente lo que a uno le place. Vamos de viaje principalmente para vernos libres de todos los impedimentos y todas las molestias; para dejarnos atrás a nosotros mismos mucho más que para librarnos de los demás".

Una reflexión con la que el ensayista inglés subraya una voluntad, la idea del tanteo, la inquietud de paladear las cosas por uno mismo. Una visión que, cinco décadas después, retoma Stevenson al afirmar que "una excursión a pie debe emprenderse en solitario porque su esencia es la libertad, porque uno debe poder detenerse y continuar, seguir un camino y otro a su antojo; y porque uno debe poder ir a su propio ritmo [...] abierto a todas las impresiones y dejar que sus pensamientos adquieran el color de lo que ve". Que así sea.

30 de julio de 2012

Literatura de observación con Paul Theroux


“Viajar es establecer una conexión entre el mundo exterior y la identidad del que se traslada”, apunta la escritora, viajera y profesora universitaria Patricia Almarcegui. Un conjunto de palabras, una exposición breve de lo esencial que bien podrían concentrar la sustancia de unas páginas hoy convertidas en un referente de la literatura de viajes. 

Un ejercicio de geografías subjetivas, de percepciones espaciales que sucumben al atractivo imantado del trazado original de una búsqueda, una exploración que profundiza y se detiene en las maravillas del camino. Un camino que se torna en un destino en sí mismo, sin sentir la necesidad de llegar. Un peregrinaje que recupera el sentido primitivo del término viajar, aquel que se refiere a la acción de trasladarse de un lugar a otro. Una distancia, un medio de transporte. Dos ingredientes indisociables de unas páginas que nos empujan a una lectura compulsiva conformada por la magia de la realidad vivida y el género literario. Páginas de intenciones descriptivas e impulsos subjetivos que entretejen un tejido genuino. 

Foto: Google.
Nos encontramos, pues, ante un homenaje al recorrido, al viaje: “El viajar en tren excitaba mi imaginación y, por lo general, me daba la soledad necesaria para poner en orden y escribir mis ideas. Viajaba fácilmente en dos direcciones, a lo largo de los raíles, mientras Asia iba desfilando por la ventanilla, y en el interior de un mundo interior, el mundo de la memoria y el lenguaje. No puedo imaginar una combinación mejor”. 

Una geografía de ‘ventanilla’, un encuadre delimitado por un marco que retiene escenas a través de la mirada de quien se encuentra al otro lado. “[…] Pero no sabe (¿cómo podría saberlo?) que las escenas que se suceden a través de la ventanilla del tren, desde la Victoria Station hasta Tokyo Central, no es nada comparado con el cambio que se opera en sí mismo, y que escribir sobre viajes, que al comienzo resulta sin duda divertido, pasa de ser periodismo a ser ficción y llega, casi con la misma rapidez que el “Kodama Eco”, a convertirse en autobiografía. Desde ahí cualquier viaje ulterior va en línea recta hacia la confesión, hacia un desconcertante monólogo en un bazar desierto”. 

Por su forma, por su contenido, por su estilo, por la importancia que ha tenido y tiene. En definitiva, por el lugar que ocupa en el género de la literatura de viajes. Motivos de sobra para zambullirse en la lectura de 'El gran bazar del ferrocarril' de Paul Theroux.

11 de junio de 2012

'El antropólogo inocente', de Nigel Barley


¿Quién dice que la antropología social está reñida con la divulgación entretenida?
Nos alejamos del hermetismo convencional que suele caracterizar a disciplinas de este tipo para acercarnos hasta el diálogo interno, el soliloquio que el autor, Nigel Barley, mantiene en esta hilarante confesión etnográfica de unas notas recogidas en el celebérrimo libro de ‘El antropólogo inocente’.
Nigel Barley. Foto: Google.
Una aguda reflexión personal basada en la experiencia que comporta el primer trabajo de campo y la indefectible digresión con la concepción aprehendida hasta la fecha previa a partir. Trece capítulos reconstruyen la secuencia tradicional del proceso etnográfico en un relato irónico que se detiene en los aspectos que las clásicas monografías califican de ‘no antropológicos’. Tal vez por ello, por apuntar en la dirección opuesta a lo establecido, este afamado libro contribuye a desmitificar el rol del antropólogo y la experiencia sobre el terreno.
Cuestiones poco frecuentes en la literatura antropológica que Nigel Barley recoge con una singular ingenuidad, donde la inocencia será una gran aliada para sobrellevar las vicisitudes padecidas, desde los preparativos, sus encuentros con la burocracia africana a su estancia en la aldea de los Dowayos en Camerún, durante todo un año.
En esta vía intelectual de conocimiento, acercamiento y comprensión hacia el ‘otro cultural’, el autor logra con éxito hacer una divulgación amena, accesible y honesta de la antropología, abriendo el camino a otras lecturas de la realidad etnográfica. Desde la confidencia de lo vivido, el autor se zambulle con absoluta sinceridad en la reflexión que comportan los cambios tanto a nivel personal como profesional tras una experiencia de este tipo. Momento en el que ‘mientras el viajero ha estado cuestionando sus creencias más fundamentales, la vida ha seguido su curso sin alteraciones’.

Encuentros, situaciones y anécdotas componen el escenario desde el que este autor, con gran competencia etnográfica demostrada, convierte la lectura antropológica en una ocurrente y divertida experiencia literaria.

28 de mayo de 2012

Un viaje a contrarreloj

A veces, la realidad puede superar la ficción. Sucedió hace ciento veintitrés años. Una hazaña que tiene el rostro femenino poco habitual de entonces de una reportera precursora del periodismo encubierto. Se llama Elizabeth Jane Cochran, más conocida por su pseudónimo Nellie Bly.

Heroína de una propuesta arriesgada fruto de un alma inconformista e intrépida. Un espíritu a contracorriente de firmes propósitos que daría lugar a una excelente y entretenida crónica de viajes que, por fortuna, ha llegado hasta nuestros días en forma de un libro llamado 'La vuelta al mundo en 72 días'. Con un desafiante primer capítulo  –una propuesta para ceñir el mundo–, Nelly nos presenta su sólida aspiración: dar la vuelta al mundo en 80 días o menos y batir el récord del personaje literario de Julio Verne, Phileas Fogg.

El periódico The World recoge la noticia. Foto: Google

Una visionaria voluntad que tuvo lugar en la desidia de un domingo en blanco ante la inminente y rutinaria reunión con su redactor jefe. 'Siempre he creído que nada es imposible si uno aplica cierta cantidad de energía en la dirección adecuada', matiza con una decisión inquebrantable. Y así, un 14 de noviembre de 1889 partió desde el puerto de Hoboken (New Jersey). Un punto de partida que le llevaría a plasmar a modo de diario las perspicaces reflexiones y experiencias plagadas de encuentros variopintos con todo tipo de personajes a su paso por Londres, Suez o Penang. Incluída una cita envuelta por la cortesía y la cordialidad con el escritor Julio Verne y su mujer en su casa de Amiens (Francia), quien apuntaría la frase que sellaría su entrevista: 'Si consigues dar la vuelta al mundo en 79 días, te aplaudiré con ganas'.

Perseverancia, ánimo y una estoica terquedad acompañan a esta atrevida periodista de mirada aguda y muy personal, dispuesta a vencer las dificultades de un periplo que causó una gran expectativa en su tiempo.

Retrato de Nellie Bly. Foto: Google

Marruecos bajo apodo

Gabi Martínez, escritor instalado en la literatura de viajes, nos entrena a perseguir el recorrido que la narración de este género ha vivido durante el siglo XXI. Para ello, nos traslada a sus orígenes más antiguos, recordando escritos de personajes como Homero o Marco Polo, anclajes en la historia literaria del viaje. Kompaso recibe estas memorias como ecos, nos resuenan familiares después de haber cruzado varios campamentos. Martínez, culmina la fase preparatoria con otro personaje destacado del retrato del viaje: Alí Bey.

Domingo Badía y Lleblich era como se llamaba en la realidad. Alí Bey fue el apodo que él mismo se puso. Este personaje, es presentado bajo diversos subtítulos. El de aventurero, peregrino, escritor, viajero, cronista, e incluso espía. Pero, por encima de todos, el de pionero. Su carácter arriesgado le llevó a cruzar el Estrecho para sumergirse en el mundo de Oriente y retratarlo en profundidad. Empezó el viaje por Marruecos. Era el siglo XIX y, sus escritos, servirían de base para los brotes que la literatura del viaje viviría a partir del siglo XX y XXI. 

Ali Bey. Foto: www.google.com
Sus pasos fueron célebres, pues investigó un territorio totalmente desconocido por el mundo occidental en ese momento. Desde Marruecos, se movió a Trípoli, Chipre, Arabia, Siria y Turquía. A fuerza de un nombre falso y de otras estrategias como la de convertirse al Islam, consiguió ser el primer hombre blanco con orígenes occidentales en poder acceder a La Meca.

De su trayecto salieron varios escritos, de los cuales,  Kompaso ha querido escoger 'Viajes por Marruecos', no solo por su interés que se podría calificar de etnográfico, sino también por la cercanía que algunos de los componentes han tenido con el país. La lectura del libro es ligera, aunque no por ella deja de ser completa. Alí Bey habla de Marruecos desde un análisis pulcro. Se detiene en finos detalles y especifica lo que ve con una resolución impecable. Descubre un universo y lo recrea, lo desmenuza. Lo deshila hasta su capón más virgen. Su escritura es una mirada metódica de un gran conjunto, como si él mismo hubiera convertido su viaje en la más preciada de las disciplinas.

Para ello, se sirve del sistema de la enumeración, convirtiendo en varios momentos la narración en un prototipo de ficha técnica encubierta por la mano de la literatura. Lo refuerza con una repetición de conceptos. Alí Bey insiste, con sus palabras quiere registrar. Y no olvida repasar cada punto con descripciones minuciosas. Podemos decir que se esfuerza, a la vez, en interpretar. Con todo ello, crea una excelente bitácora, en la que también se encuentran anotadas informaciones de carácter científico, como los grados de temperatura en función de la orientación en la que se encuentra, o las especies de las plantas que él mismo recoge. La forma del relato apoya esta idea de cuaderno, dividiéndolo en apartados según las fechas del viaje, las lunas, u otros símbolos. 
Tánger. Foto: www.google.com
En 'Viajes por Marruecos', Kompaso se detiene en Tánger, en las descripciones de sus calles empinadas y curvadas, la arquitectura de sus mezquitas y las ceremonias de boda. Tres formas con las que Alí Bey presenta el modo de vida de un lugar aún extraño. Tras pasear con varias lecturas, escogemos tres pedazos de este contacto. El salir a la calle y tocar el techo de la casa con la mano. La cerradura de madera de la puerta. El arte del grito femenino.

Personaje admirado, Alí Bey fue, a la vez, un admirador del terreno que visitó. Descubrió un mundo y creó un universo a su alrededor para introducirse en él. El nombre falso es solo un testimonio fractal de su ímpetu explorador, con el cual pudo moverse con más facilidad. Es en este sentido en el que hablamos de personaje para englobar todos los conceptos con los que Ali Bey fue descrito. La pasión convirtió a un hombre en otro, en un personaje viajero con el que pudo acceder a los hilos de toda una cultura ignorada hasta entonces.

11 de mayo de 2012

La historia de los días, de Eduardo Galeano


Siguen siendo las venas de Latinoamérica las que hablan.


Foto: Internet
El escritor Eduardo Galeano, durante una de sus lecturas.

  • El escritor uruguayo, presentó su nuevo libro en la Universidad de Barcelona, como parte de su gira por España. 
  • El título del libro, tiene como origen una historia de la Cultura Maya, en ella se dice: “Los días se echaron a caminar y así fuimos nacidos nosotros”. 
  • La lectura de la presentación, arrancó dedicándose al Club Fútbol Barcelona, y a Pep Guardiola. 

Estoy un poco abrumado… pero, voy a tratar de estar a la altura, de la invitación- decía Eduardo Galeano la tarde del miércoles.

Los días se echaron a caminar, y ellos nos hicieron a nosotros, que, así fuimos nacidos nosotros, los hijos de los días, los averiguadores, los buscadores de la vida. Y si nosotros, somos los hijos de los días, nada tiene de raro que, de cada día, brote una historia; porque los científicos dicen, que estamos hechos de átomos, pero a mí, un pajarito me contó, que estamos hechos de historias.

Enero 26
Segunda fundación de Bolivia
En el día de hoy del año 2009, el plebiscito popular dijo sí, a la nueva constitución  propuesta por el Presidente Evo Morales, hasta este día, los indios no eran hijos de Bolivia, eran su mano de obra. Allá por 1825, la primera constitución de Bolivia, había otorgado la ciudadanía al 3 o 4% de la población, los demás, indios, mujeres, pobres, analfabetos, no fueron invitados a la fiesta. Para muchos periodistas extranjeros, Bolivia es un país ingobernable, incomprensible, intratable, inviable, se equivocan de in… deberías de confesar que Bolivia es para ellos, un país, invisible, y eso nada tiene de raro, porque hasta el día de hoy, enero 26, hasta el día de hoy, del año 2009, también Bolivia había sido, un país, ciego de sí. 

Junio 5
La naturaleza no es muda.
La realidad pinta, naturalezas muertas, la catástrofe se llama, naturales. Como si la naturaleza fuera el verdugo y no la victima, mientras el clima se vuelve loco de remate, y nosotros también. Hoy es el Día del Medio Ambiente, hoy junio 5, un buen día para celebrar la nueva constitución de Ecuador, que en el año 2008, por primera vez en la historia del mundo, reconoció a la naturaleza como sujeto de derecho. Suena raro esto de que la naturaleza tenga derechos, como si fuera persona, en cambio, suena de lo más normal, que las grandes empresas de los Estados Unidos, tengan derechos humanos, y los tienen, tienen derechos humanos, por decisión de la Suprema Corte de Justicia desde 1886. Si la naturaleza fuera banco… ya la habrían salvado.

Galeano en España.
Así empezó la lectura del escritor, que por más de 60 minutos compartió “La historia de los días”, días envueltos en temas como el racismo, la crisis económica, Estados Unidos, los miedos de comunicación, la política, y claro, Latinoamérica. Jugando con la ironía y el sarcasmo en 366 historias, con aforismos y sentencias, con razonamientos y cuestionamientos.

Una lectura pausada, rítmica, que envolvió a los asistentes en un silencio de expectativas, de la espera por escuchar a un escritor, contando una historia, un escritor, considerado como uno de los más importantes y con mayor trascendencia en la literatura latinoamericana.

Eduardo Germán María Hughes Galeano, de 71 años, reunió a una cantidad inesperada de personas que saturaron el Paraninfo del edificio histórico de la Universidad de Barcelona, con una capacidad de 500 personas, haciendo necesario un espacio alterno, para 300 personas más, que escucharon la lectura en una retransmisión.   

Es la segunda ocasión que el Paraninfo se queda chico para los asistentes, el mismo Rector de la Universidad de Barcelona, Dídac Ramírez, reconoció que la primera vez que esto pasó, fue ante la visita del ex futbolista y entrenador, Johan Cruyff.  Generando risas en la recinto.

La gira de Galeano por España, contempla una firma de libros en la Casa del Libro en Barcelona y la visita a Córdoba a partir del 15 de mayo, para después asistir a Granada, Sevilla, Madrid; el 28 de mayo estará en el País Vasco, recibiendo el Premio de la Crítica de la Feria del Libro Bilbao, para seguir por San Sebastián, Santiago de Compostela y Orense.




Texto publicado en: http://www.la-ch.com/index.php?option=com_content&view=article&id=11580:la-historia-de-los-dias-de-eduardo-galeano-siguen-siendo-las-venas-de-latinoamerica-las-que-hablan&catid=42:general&Itemid=62



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2 de mayo de 2012

Riesgo literario junto a Gabi Martínez

Gabi Martínez aka estilismo de vanguardia. Junto a este periodista de formación y escritor de vocación viajamos, a ritmo de novela, por la historia del relato de viajes. Un viaje con el que descubrimos, en tres capítulos, que con la narrativa de viajes también se puede experimentar.

Y todo ello, gracias a la habilidad de este autor reconocido como uno de los principales renovadores del género, un gran ejemplo de literatura de viajes desde una perspectiva contemporánea y de calidad. El reto, si bien, es doble: ¿Cómo contar desde otro punto de vista aquello que ya se ha dicho?

1 de mayo de 2012

'Él te buscará a ti'

Hay dos maneras de empezar un proyecto. Analizarlo y perseguirlo o escucharlo y esperarlo. Los componentes de Kompaso entramos a la presentación de 'Amara' con una mezcla de ambas posturas. Algunos ya han saboreado las líneas de esta historia con detalle, otros permanecen atentos a dónde este encuentro les llevará. Y todo ello envuelto con la aromática fragancia del incienso, creador inconfundible de atmósferas. Entregados a ella, a Amara, nos sumergimos. 

Santiago Tejedor (periodista, profesor, investigador y viajero apasionado) es el autor de esta suerte de cuaderno de bitácoras en constante mutación, donde las palabras cobran vida y recrean los componentes de un viaje siempre en movimiento. Agitando con destreza una singular coctelera, nos invita a viajar a través de un sinfín de citas reflexivas que acarician la idea del viaje desde una perspectiva romántica.

Al lirismo le acompaña un recital formado por Utara, músico e intérprete de canciones de los pueblos nativos de América, que devuelve a las almas de todos los asistentes a tierra firme. El sonido de tambores acompaña la cadencia musical de los instrumentos de viento, y viaja por un aire impregnado de una esencia propia del lugar del libro, el palo santo. “Amara”, como bien indica su título, es un viaje tras las pisadas del pueblo rarámuri, en el estado de Chihuahua, México.

Desmenuzar aquí su contenido sería interrumpir la voluntad que respiran sus páginas, aquellas con las que Santiago quiere dar voz a los que durante tanto tiempo no la han tenido y merecen una oportunidad. Tan sólo unas coordenadas para despertar el interés del lector. Esta es la historia de un relato inspirado por la oralidad de los apuntes, aquellos que hablan de un sueño, una búsqueda, un empeño y, al fin, un encuentro. El encuentro y la convivencia con ‘un grupo indígena hermético y misterioso’, que vive en las alturas de la Sierra Tarahumara. Un inhóspito medio donde subyace una realidad insoslayable: la pobreza y la marginación de las etnias que habitan el territorio chihuahuense. 

Foto: Google

Foto: Santiago Tejedor

Quizá por ello, ‘los que caminan veloces’, mantienen una tradición que se remonta a la génesis mitológica de los rarámuris, una leyenda que habla de una danza, de unas fuertes pisadas que mantienen ‘lo malo allí abajo’, de unos bailes que ‘sostienen el mundo’.  Unas danzas necesarias para mantener la tierra firme y así ‘caminar sobre ella’. 

El público permanece atento mientras Santiago, enamorado del verbo viajar, destapa su experiencia con la entrega que merece, apasionado y dispuesto a compartir con nosotros ese viaje a un lugar mágico, Amara. El autor presenta, y el lector viaja con todas las palabras que el primero no ha escrito, pero que sí ha querido expresar en esta aventura real y literaria a partes iguales.  Las imagina y las resuena en su interior y, como resultado, un consejo: ‘No busques el viaje…, el viaje te buscará a ti’.
 

30 de abril de 2012

El cuento de Altaïr





“A veces importa más a dónde vamos que de dónde venimos.” Pep Bernadas.

Érase una vez un antropólogo que, en la búsqueda por comprender las dinámicas sociales, por entender al mundo y a todo lo que conlleva, decidió escoger el camino del viaje.

De rostro amable y mirada afectuosa, no pierde la sonrisa en una charla que refleja un alma soñadora que no se pierde en los sueños, sino que va por ellos, los busca y los encuentra; los atesora y no los deja, los defiende y los alimenta para que no mueran. Es, en mayúsculas, un viajero.

Con cierto asombro y expectación, el equipo Kompaso permanece atento a las palabras que, con el cuidado de quien las crea, nos cuentan la historia de algo más que un sueño: Altaïr. Y es que Altaïr es el sueño convertido en algo más que una librería de viajes, algo más que una agencia, Orixà, algo más que una revista con contenido y sentido de viajes que lleva el mismo nombre. Es todo ello y más, es una puerta abierta, una invitación como su lema indica ‘a ir más lejos’. Es el resultado de una búsqueda sincera y de horizonte despejado, soñadora pero analítica y especializada. Una genuina definición de comunicación de viajes.

Fotos: Arlene Bayliss 


La librería  

Con la insignia de ser la librería especializada en viajes más grande de Europa, Altaïr nace en Barcelona en 1979 y ocho años más tarde en Madrid. Un espacio cultural para hablar del mundo en serio desde el viaje; creado para generar encuentros con los viajes y viajeros, con las ideas del viaje, la conexión y los proyectos que estos encierran. La conjugación en todos los tiempos del verbo viajar, una invitación a seguir buscando.

Y todo ello gracias a un fondo con más de sesenta mil referencias que atesora la familia Altaïr en una entregada convivencia con la atmósfera de la literatura, del periodismo, de la información. ‘No somos vendedores, somos anfitriones’, revela sonriente. Dos alargadas plantas divididas por numerosas secciones que se diferencian por continente, por países, ofreciendo narrativa, guías, cartografías, aventura, música, libros ilustrados, ensayos, naturaleza, gastronomía mundial, artes, oficios y culturas. Trazos de viajeros, novelas, comics, revistas, diccionarios, películas, documentales, cuadernos de viajes y agendas. Incluso, una pizarra y bitácora  donde viajeros buscan compañeros de viaje, viajeros que buscan un viaje y viajes buscando viajeros.

Recorrer Altair es preguntarse a uno mismo: ¿Cómo no soñar cuando los sueños se exhiben? Decía Antonio Machado que ‘si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar’. Despertar, añadimos nosotros, a través del viaje.  Historias que se convirtieron en tales porque alguien las escribió, en un objetivo por compartir, contar, explicar y desmembrar.

Entrar en el mundo Altaïr es permitirse entrar en los viajes desde la perspectiva soñadora, la comunicativa, la del contenido reflexivo, la que se desprende de la cotidianidad para pensar en lo imaginado. Dejando fluir el pensamiento que al sólo permitirle nacer, se convierte y toma forma de viaje, de sueño, de reflexión, de literatura.

Este maravilloso cuento continúa con el estímulo de seguir creciendo, de seguir caminando, compartiendo y motivando el viaje. En esta inagotable llamada a la curiosidad, Pep Bernadas nos lanza un sabio consejo: ‘Hay que mojarse. Atreverse es la base de todo’.


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