Mostrando entradas con la etiqueta Entre Líneas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Entre Líneas. Mostrar todas las entradas

26 de noviembre de 2012

A orillas del río Nam Ou


Como si de reporteros de una publicación editorial de viajes se tratara, en el Máster en Periodismo de Viajes nos han planteado el reto de producir un contenido textual y visual, con una mirada original y creativa sobre un destino

El resultado: una miríada de reportajes, tantos como alumnos somos, en un simulacro que nos ha permitido experimentar el proceso de creación de un reportaje de acuerdo a los parámetros establecidos por la revista de viajes escogida.

En este ejercicio, la propuesta personal planteada se enmarca dentro de la línea gráfica y editorial que ofrece la revista Orizon, elaborada por los artesanos del grupo Spainmedia Magazines. Cada sesenta días, el equipo de esta nueva revista nos ofrece un suculento número, capitaneado por su lema: "Descubre tu lugar en el mundo".

Siguiendo la estela de cada una de estas letras, les invito a que se adentren en una ruta fluvial diferente. Una ruta que transcurre en un entorno indómito y fascinante a partes iguales. Ahí donde la civilización es sólo una nota, aquí donde las carreteras terminan comienza el viaje más encantador de Laos.

Este es el relato de un viaje hacia el norte de Laos, una región próxima al área de Phongsali y accesible únicamente por transporte fluvial. Descubre el reportaje completo en el siguiente enlace.


19 de noviembre de 2012

'En la Patagonia', de Bruce Chatwin


Nunca he estado en la Patagonia, esa imponente y fascinante región austral de América del Sur, situada en las lindes del fin del mundo. Tal vez por ello me sentí atraída por la lectura de una obra clásica de la literatura de viajes que lleva por título el mismo nombre.

Parque Nacional Los Glaciares. Fuente: www.patagonia-argentina.com
Decía Bruce Chatwin que "viajamos literariamente". Y así es, pues el lector que decide adentrarse en la lectura de En la Patagonia pronto descubre un universo que combina mirada y escritura, redactado vívidamente en el tiempo de la historia. Una obra moldeada por un escenario indómito que despierta la ensoñación, protagonista de tanta tinta derramada. Desde el principio, el lector advierte que se encuentra ante una elocuencia inagotable, donde las palabras brotan con la reverberación de una letanía.

"Todos necesitan del acicate de una búsqueda para vivir; para el viajero ese acicate reside en cualquier sueño", así comienza la obra con la que debutó el autor, narrador y cronista a los 37 años. Dividida en noventa y siete capítulos que ceden el paso a la micronarración, En la Patagonia se sitúa en una zona de cruce entre la ficción y la crónica periodística, esculpida por la pequeña historia, donde se dan cita los encuentros y formas de construir al otro. 

En este sentido, es en la alteridad donde el viajero halla las variadas formas expresivas que suelen acompañar al escritor británico. Pues en este libro que tiene por decorado al extraordinario paisaje patagónico, son las huellas de los personajes de un mundo singular las que marcan el rastro de la lectura, estimuladas por el recuerdo infantil de un supuesto trozo de piel de brontosauro. A lo largo de la obra, la búsqueda dibuja el trazo de unas páginas que se mueven a un ritmo que da relieve al paisaje.

Palpitante y hormigueante lectura. Tal vez, con esta obra, Bruce Chatwin comprendió las palabras del almirante y explorador Richard E. Bird al afirmar que "la naturaleza tiene buenas razones para exigir sacrificios especiales a aquellas personas decididas a contemplarla".

"Il n'y a plus que la Patagonie, la Patagonie, qui convienne à mon inmense tristesse..."
Blaise Cendrars, Prose du Transsibérien.

29 de octubre de 2012

'¿Qué hago yo aquí?', de Bruce Chatwin


"Cuéntele historias al jovendijo doña Lucerina—. Quiere oír historias".

Con las pupilas dilatadas. Así termino la lectura de ¿Qué hago yo aquí?, obra póstuma que el viajero, escritor y novelista británico, Bruce Chatwin, nos dejó como una ventana abierta a su mundo. Un interesante e instructivo espectáculo narrativo en el que se percibe el sesgo irresistible, propio de quien demuestra una técnica impecable.

Déjenme aclarar que no es ésta una compilación de páginas ordinaria, sino una fértil llanura cuajada de un grupo heterogéneo de relatos, brillantemente coloreados en un mar de objetos de recuerdo, extractos de su paso por varias publicaciones. 

Confieso que produce una extraña y atractiva impresión comenzar a leer por donde a uno le plazca, pues el orden no afectará al resultado. No importa si decides embadurnarte de las crónicas que acompañan a sus textos referidos a los Viajes, a las Gentes y luego te dejas llevar por los Relatos del mundo del arte, los Extraños encuentros, para terminar sorbiendo cada palabra con China y el Escrito para familia y amigos. 

El autor, Bruce Chatwin, en una foto de archivo. Fuente: Google.

Todos, sin excepción, tienen la fragancia de una prosa lúcida, azotada por ráfagas de gran sensibilidad que denotan su poder de observación avezado, de aforística brillantez. En ellos Chatwin no aparta la vista, ni tampoco el resto de los sentidos; se sirve de éstos como una atalaya desde donde los exprime y apoya la voz.

La lectura, recuerden, se presenta episódica y fragmentada, pero sobre todo, y lo que resulta más interesante, es su arquitectura de corte anárquica, desprovista de molde fruto de un genuino cazador de historias.

22 de octubre de 2012

La literatura de viajes, un género diferenciado


Entre los insondables escenarios de la literatura hay quienes todavía consideran la literatura de viajes un subgénero de la narrativa. Un estatus de nivel inferior constreñido, a menudo, por los arquetipos tradicionales que rodean a la concepción clásica y rígida de los géneros literarios.

Una llamativa valoración que sorprende si tenemos en cuenta que basta con echar la vista atrás para encontrarnos con libros de viajes desde la Antigüedad grecolatina y su más célebre representante, el historiador y geógrafo griego Heródoto.

No obstante y a pesar de las oscilantes valoraciones que proporcionan todavía los anclajes del pasado, localizamos en ellos una pluralidad de informaciones. En este sentido, su lectura nos conduce a un nutrido y enriquecedor sendero, muchas veces fuente de conocimiento geográfico, antropológico, etnográfico, histórico, entre otras disciplinas. 

Por su forma, contenido, estilo e impronta en la historia de la literatura, son muchas las cuestiones que lo diferencian y le otorgan la merecida distinción de un género propio y maduro. Y es que, en el debate de los géneros donde estos aparecen, desaparecen y se transforman, son muchos los defensores que aparcan el complejo ámbito de lo subjetivo y subrayan las virtudes de un género con solera, casi tres mil años de historia le avalan.

Fuente: Google Image Search.
“Tratar de describir la génesis de la Literatura de Viajes, es tarea no fácil, ya que existen pocos estudios críticos al respecto. Hacer un análisis sistemático y riguroso de los aspectos formales, estructurales o temáticos de dicho género literario es, en todo momento, una tarea apasionante....Podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que el ser humano ha sentido la necesidad de viajar, e igualmente ha sentido la necesidad de dejar constancia de haber realizado el viaje. Cuando estas dos premisas se unen, aparece lo que denominamos Literatura de Viaje. A lo largo de la historia de la humanidad, en todas las épocas, en todos los países y en todas las culturas, se han escrito relatos de viajes. En unos casos eran reales, en otros ficticios, imaginativos o descriptivos, poéticos, fantásticos o novelados”, sostiene la sevillana Soledad Porras, profesora de filología italiana.

"Una cosa es el turismo y las guías de viajes y otra cosa es la literatura de viajes. Es un género con sus normas propias", afirma el viajero, escritor y periodista Javier Reverte.

Tal vez habrá quienes todavía les cueste desprenderse de anquilosadas clasificaciones que acontecieron en la Antigüedad clásica. Tiempo después y, sobre todo, de unos anaqueles repletos de referencias bibliográficas, nos han demostrado que la tradición deviene en un fenómeno elástico y, como tal, mutable a las circunstancias contemporáneas que lo acompañan.

En palabras de Manuel Lucena Giraldo y Miguel Ángel Puig-Samper, "la literatura de viajes, un nuevo género hecho de ropajes demasiado viejos".

15 de octubre de 2012

'El libro de las maravillas', de Fernando Clemot


Un ovillo de recuerdos, refugio de tinieblas, de sombras que caminan al lado aferradas a un pretérito sacudido por ese azar que malogra mañanas. Entre las entrañas de la memoria, del reclamo del olvido, en el papel de Rustichello o de Marco Polo, camina la obra del escritor y editor Fernando Clemot.

'El libro de las maravillas' se muestra al lector como una propuesta literaria untuosa, adherida y potente. Podría ser este un singular libro de viajes sin pretenderlo, pues aquí el viaje aparece reposado y enmarañado en los compases asincopados de una melodía, a veces quejumbrosa, que entona la memoria de varias voces, de vidas paralelas trazadas; consuelo estéril de un final, a pesar de todo, inalterable.

Portada del libro. Fuente: Google Image Search.
Un guión, un personaje que trata de desdibujar lo trazado para acariciar otros caminos no realizados, ahora soñados que descansan en las vivencias y los viajes de otros. Un pretérito que trata de recuperar en la trama y urdimbre de los vocablos. Retazos de varias voces ahora remendadas e hilvanadas magistralmente en torno al metarrelato. Así se sostiene esta novela de carácter arriesgado y resultado conquistado.  

Y es que "la memoria de nuestro pasado está parcheada muchas veces con retales de vidas ajenas, con historias que nos contaron o nos figuramos haber vivido", sostiene el autor en una ineludible reflexión que acude al lector, ahora rodeado por una multiplicidad de significados, sacudidos por un refuljo ácido. Resulta entonces inevitable adoptar el papel de Rustichello, y esperar a las historias que acuden a las orillas de otros personajes, de Bessa, Bridoso y Clara, mecidas por una memoria aquejada por el fantasma de las ocasiones perdidas. 

"Invocar los recuerdos para alimentarse de ellos [...]", nos recuerda. Vía libre.


8 de octubre de 2012

'Viajeras intrépidas y aventureras', de Cristina Morató


"No por azar aventura es del género femenino. Las correrías con riesgo han sido y son dominio de la mujer tanto como del hombre. Claro que cuando se trata de ilustrar el espíritu de aventura, la historia retiene primero a los nombres de Marco Polo, Colón, Magallanes, Elcano, Cook, Stanley, Amundsen, Lindberg. [...] Ya es hora de que salgan a la luz las peripecias de las mujeres viajeras". 

Así arranca, con determinación, desde el vestíbulo que el viajero, periodista y escritor Manu Lenguineche dedica a la autora catalana, Cristina Morató. Ha pasado algo más de una década desde que esta viajera, periodista, escritora y fotógrafa escribiera lo que pronto se convertiría en mi libro de cabecera

Gracias, en parte, a la vitalidad estética que irradia aquí el significado de las palabras escogidas. Y es que la lectura avanza ágil y ordenada, acomodada en la cortesía de la claridad de un libro vívido que exalta el doble sentido, literario y manual. Sin pretensiones, funcional y limpio. El alcance, no obstante, abandera la complejidad de quien recupera las historias que aguardan ser rescatadas de un recorrido sacudido en los grandes hitos por una testosterona desmedida.

"Las mujeres nos encontramos en serios aprietos. Si no decimos nada más de lo que se ha dicho ya, somos aburridas y no hemos observado nada. Si decimos cosas nuevas, se burlan de nosotras y nos acusan de románticas y fabulosas".
Lady Mary Montagu, Constantinopla, 1716. 

Lady Mary Montagu. Fuente: Google Image Search.
Rompiendo moldes, desabrochándose el conservador y tradicional corsé de la decimonónica sociedad victoriana, calzándose con las botas portadoras de las siete leguas. Así comienza el viaje de estas mujeres inquietas, inconformistas, cultas, valientes, amantes de los retos y, sobre todo, fuera de lo común. 

Hazañas anónimas, desafiantes, en ocasiones sin medios, con un exiguo equipaje. Proezas rodeadas por la modestia que contribuyeron al conocimiento geográfico de unos territorios por cartografiar, y participaron, a la sombra, en importantes acontecimientos históricos.

1 de octubre de 2012

Fragmentos literarios


Las reseñas acostumbran al después, a las palabras que brotan en el poso de una lectura tamizada por la mirada del lector. Algo impaciente por sus dimensiones totémicas, he decidido no esperar más. Tampoco, interrumpirla. Ciertamente, compartila.

El autor, Mauricio Wiesenthal. Fuente: Google Image Search.
Estimulante podría definirla, una especie extraña. Una voz altisonante, también. Hasta donde he leído, las páginas de El esnobismo de las golondrinas, de Mauricio Wiesenthal, se suceden en una borrachera de ideas, en algo más que un libro de culto de viajes desprovisto de fronteras, en un soliloquio anárquico. El corte, sin duda, es clásico, de una personalísima idiosincrasia, fiel reflejo de su decimonónico autor. Ya lo aventura su particular título, de sutil melancolía.

Confieso una irrefrenable atracción hacia las obras de 'arcén', aquellas que se desvían del camino narrativo ya trillado y se proclaman, con la más firme de las intenciones, guías de un terreno indómito. Y hacia ese arrollador camino continúo no sin antes compartir, contigo, algunos de sus fragmentos. Antes, una advertencia del autor: «Éste es un libro parsimonioso, lento, oceánico, escrito como el vuelo de las golondrinas».
Portada del libro. Fuente: Google Image S.

«En El esnobismo de las golondrinas he querido convertir a los viajes en protagonistas, porque creo que algunos lugares tienen un alma y que todos los caminos, cuando se andan con libertad y valentía, son vías de iniciación».

«Andando por las orillas de los ríos aprendí que lo mejor es salir de viaje, asomarse con ilusión a la ruleta del mundo y sentirse —como el enamorado— con fuerzas para jugarlo todo a las cartas del deseo».

«Un buen viajero sabe que, cuando se pierde un tren en la vida, no hay más remedio que coger el siguiente sin mirar su destino...A fin de cuentas, lo que vale es viajar, elegir un paisaje, perseguir un sueño, cargar la propia maleta y renunciar al resto. No se pierden las cosas al ir».



24 de septiembre de 2012

'Los guardianes del lago', de Jordi Serrallonga


«Podemos con gran probabilidad afirmar que África fue antes habitada por especies que ya no existen, que eran muy parecidas al gorila o al chimpancé; y como quiera que estas dos especies son las que más se asemejan al ser humano, es también probable que nuestros antecesores habitasen África antes que cualquier otro continente.» 
 
 Charles Robert Darwin, El origen del ser humano (1871)  

Si después de leer estas palabras sientes 'la llamada de África', sigue leyendo. Africanistas, antropólogos, paleontólogos y arqueológos, también. Antes, una advertencia, esta es una lectura no válida para escépticos, pues los sueños (muchas veces) se cumplen. Y es que esta es la historia de un maasai blanco que tenía un sueño: viajar a África en busca del pasado para estudiar los orígenes remotos del ser humano.

Dejando de lado el detalle de la anécdota, aquella que deja al descubierto los episodios que han trazado el rumbo de su vida profesional y personal, a modo de cuaderno de campo de un arqueólogo, quisiera compartir a través de estas líneas el entusiasmo y la pasión que imprimen las páginas de este diario. Páginas que surcan en la biografía de un arqueólogo alentado por las gestas de los grandes exploradores decimonónicos.

Grupo de maasai frente al Ol Doinyo Lengai. Foto: Google.
Emulando al militar y explorador británico Speke, al célebre arqueólogo y egiptólogo Howard Carter, a personajes como el cartógrafo escocés de vastas e ignotas regiones del continente africano, David Livingstone, al británico Richard Burton o a Jordi Sabater Pi, padre de la primatología, Jordi Serrallonga ha logrado hacerse un hueco y desarrollar su labor de investigación de campo a través de numerosas expediciones al continente soñado. 

Impulsado por una serie de sucesos que marcaron para siempre el destino de sus investigaciones actuales, Jordi-lai también conocido entre los locales como John el largo, se desprende del texto académico para expresar el fascinante relato que le lleva a encontrar sus orígenes. Un relato protagonizado por un lugar, el lago Natron y, sobre todo, por un pueblo, la etnia maasai.  

Y tú, ¿cuál es tu sueño?

17 de septiembre de 2012

'Los trazos de la canción', de Bruce Chatwin


Dejando de lado el ejercicio de reducción y abreviación al que se deben las sinopsis y las pinceladas fútiles de sus autores, me aventuro en la cosmovisión aborigen de unas palabras que conectan con una geografía totémica.  

Un laberinto de itinerario encantado surca las páginas de una obra heteróclita, de estructura anárquica. Tal vez por ello, me alejo de cualquier intento por captar su esencia a modo de resumen. Son tierras cobrizas que excitan la imaginación del viajero, desbordada por paisajes de horizontes infinitos. Rastros invisibles de mapas cantados

Es entonces cuando, algo desconcertada por una lectura inaudita y extravagante, te encuentras atrapada por las misteriosas melodías que dibujan el camino a los arandas. Su complejidad elude toda posibilidad de descripción. Una acumulación interminable de detalles acompaña la lectura en un intento por captar el vínculo entre la canción y la tierra. Raíces de una maravillosa e intrincada composición, a veces mística, otras, fabulada.

«La música -respondió Arkadi- es un banco de memoria para encontrar el propio camino por el mundo »

Aborigen australiano tocando el didgeridoo. Fuente: Oliver Strewe, Lonely Planet Images.
 

3 de septiembre de 2012

'Historias secretas de Birmania', de Emma Larkin


En la literatura y narrativa de viajes busco ventanas a las que asomarme, puertas que atravesar. Singulares atalayas desde las cuales sumergirme en el imaginario que imprimen las palabras. Y, sobre todo, viajar.

"Birmania libre". Fuente: Rusty Stewart.
En esta ocasión, el destino elegido es Birmania (actual Myanmar). Comprometida por el tiempo que pasé junto a la ONG Colabora Birmania en la localidad fronteriza tailandesa de Mae Sot, sucumbo a la lectura de la periodista Emma Larkin. Junto a ella y con las obras de George Orwell en el bolsillo, me adentro en el universo oculto que solo puede susurrarse, amén de un Gobierno militar responsable del destino oprimido en el que vive el pueblo birmano desde hace más de cinco décadas. "No podemos hablar ni escribir de lo que realmente está sucediendo en Birmania", afirma uno de los numerosos testimonios birmanos que la autora recoge durante su viaje.

Portada del libro. Fuente: Google.
La lectura avanza con sigilo, desmantelando la imagen turística de "una tierra dorada de pagodas y gente sonriente", donde los guías turísticos birmanos "se forman siguiendo un programa gubernamental que les enseña a no comentar temas políticos con los turistas". Llegar al país tampoco es tarea fácil. Intenté hacerlo por el único paso fronterizo que permanecía abierto, pero la estancia se limitaba a menos de veinticuatro horas. Si deseaba entrar, tendría que desplazarme hasta Bangkok, solicitar un visado de turista no garantizado y finalmente volar hasta Rangún. Preferí quedarme en Mae Sot, no por evitar a la siempre cansina burocracia, sino por permanecer al arrimo de los miles de refugiados e inmigrantes birmanos que se ven obligados a desplazarse hasta la vecina Tailandia en busca de horizontes despejados.

El lector, sugestionado por el relato que transcurre en terreno delicado, se aproxima a una orografía donde los protagonistas son las fangosas regiones del delta del río Irrawaddy, las montañas del norte o la ciudad de Mandalay, entre otras paradas. Una ruta trazada por los lugares donde el escritor Orwell vivió.

Y es que los capítulos avanzan en una suerte de narrativa trenzada a modo de testimonio, creando un universo paralelo de verdades e historias secretas que el lector tiene oportunidad de descubrir. Capítulos que revelan estados de conciencia. Capítulos que traen a la luz el pensamiento cautivo.

31 de agosto de 2012

'Explora. Sueña. Descubre'


Sacudimos los últimos coletazos estivales y damos la bienvenida a la rentrée con esas frases viajeras que, muchas veces, se convierten en el necesario impulso que estimula nuestros viajes. Ya lo advertía Mark Twain con sus afamadas palabras...

Frase viajera de Mark Twain. Fuente: Google.
Añadimos, sin embargo, esta reflexión del escritor Javier Reverte con el ánimo, como siempre, de seguir viajando: 

"Creo que el ojo del hombre debe ver las cosas por si mismo, respirar con sus propias narices los aromas de las plantas, de los animales y de los otros hombres. Tocar con sus manos las manos de otros hombres de otras razas. Pisar con sus propios pies las tierras mas lejanas. El alma del hombre tiene que recuperar la pasión de la aventura y no esperar a que se la sirvan en la pantalla de un televisor o en salas de un cinematógrafo. Y la gran aventura es siempre el viaje."

Buenos y felices viajes.

27 de agosto de 2012

'Manual para viajeras', de Sandra Canudas


Si eres una potencial viajera de impulso contenido y necesitas un pequeño empujón, sigue leyendo. He aquí la ligereza y practicidad que presentan los manuales de argumento concentrado, con la profundidad que proporciona la experiencia de quien lo escribe.

                 Portada del libro. Fuente: Google.
De lectura ágil y resuelta, este 'Manual para viajeras' de Sandra Canudas se presenta con la voluntad solidaria de compartir con el público femenino, el conocimiento adquirido a lo largo de sus viajes. Una nutrida experiencia como viajera solitaria que ahora se traduce en esta suerte de libro-guía, una compilación de consejos prácticos que alentarán el ignorado espíritu intrépido de más de una. Palabras que aleccionan en un sector, el del viaje, donde las mujeres ocupan una posición destacada alejada de interpretaciones superficiales que alegan una visión feminista.

Las recomendaciones abarcan un camino firme sobre el que atenuar dudas y temores. Desde cuestiones elementales como la vestimenta, el equipaje o la seguridad, a una interesante bibliografía para viajeras con la que documentarnos. La parte más interesante, empero, queda reservada al sexto y último capítulo, dedicado a "Destinos: cómo actuar en cada región". El objetivo, aclarado por la autora, es la de conformar una idea global de lo que conlleva viajar a determinados lugares del planeta. Un resultado subjetivado cuyo valor reside, precisamente, en el extracto madurado de las propias vivencias de Sandra Canudas. Y tú, ¿te atreves?

Si quieres, puedes hojearlo a través de Google books. 

13 de agosto de 2012

'El pez escorpión', de Nicolas Bouvier


Hicieron falta algo más de dos décadas para que el infatigable viajero, escritor y fotógrafo suizo Nicolas Bouvier se decidiera a contarnos la historia que encierra las páginas de este singular ejemplar, 'El pez escorpión'. Una trama que acontece en un sombrío, de gesto adusto, año 1955.

El interior de un universo alucinado y confundido se convierte en el escenario donde transcurren los paisajes de una prosa que aquí se exhibe con la densidad de un estilo magistral. Las sombras oscurecidas por la experiencia de un viaje iniciático (que comienza dos años atrás a los mandos de un legendario Fiat Topolino junto a su amigo, el pintor Thierry Vernet), emergen protagonistas en un camino descarnado, consumido por un fuerte estado febril, cicerone que le adentra en su particular Zona de Silencio.

Sacudido por un entorno deslavazado, asistimos a las profundidades de un abismo que acongoja a nuestro protagonista, enfermo y deprimido, durante siete meses, a la espera de que su situación económica y personal mejore, con la esperanza de proseguir semejante viaje.

Nicolas Bouvier en una foto de archivo. Fuente: Google.
La lectura avanza temblorosa en las sinuosidades que marca cada palabra. Una ondulación que zigzaguea en un sendero agrietado y horadado. "No se pueden imaginar hasta qué punto mi vida aquí puede ser cansada. Esta observación permanentemente a caballo entre lo real y lo oculto me mata. Mi cabeza se resiste a abrirse y me duele [...] Los empleados de correos me pierden con arrogancia esas cartas de Europa que necesito tanto como la sangre. Así que me quedé en la última, en donde ustedes me dicen que esta estadía no me sirve de nada, que la Isla me está quemando los nervios y que no es posible encargarse de lo que les envío, pues el lector occidental no está preparado. Estoy de acuerdo, pero viajo para aprender y nadie me había enseñado lo que estoy descubriendo aquí".

Afligido por una realidad desconcertante y descompuesta, sorprende la lucidez con la que el autor rememora, desde la consistencia que proporciona el espíritu reposado, su estadía en tierras que acarician al subcontinente indio. La reflexión asoma su perspicacia y sensatez en este viaje desmoronado, pues como señala Bouvier "no se viaja para adornarse de exotismo y de anécdotas como un árbol de Navidad, sino para que el camino nos desplume, nos enjuague, nos exprima [...]. Se aleja uno de las coartadas, de las maldiciones natales [...]. Sin ese desapego y esa transparencia, ¿cómo esperar que los demás vean lo que uno ha visto? Volverse reflejo, eco, corriente de aire, mudo invitado al pequeño rincón de la mesa antes de decir cualquier cosa".

Una interrogación continuamente suspendida planea sobre la superficie de cada página, y da cuenta de esta existencia cuyo sentido, por lo general, se nos escapa. Una lección surcada en el delirio, discreta, murmurada y coherente. El viaje como objeto de metamorfosis.

6 de agosto de 2012

Dos ensayos y una lectura reincidente


Letras suspendidas en la levedad de la sutileza. Profundidades que abrazan la visión subjetiva del autor. Invitaciones literarias cursadas por dos grandes figuras de la literatura inglesa, que en el sosiego del estío, cautivan nuestro apetito con esta suerte de libro pigmeo que reúne dos ensayos: 'Ir de viaje', de William Hazlitt (1773-1850) y 'Excursiones a pie', del afamado Robert L. Stevenson (1850-1894).

Fuente: Google.
Mecida por esta sinuosa prosa de ideas me enfrasco en la lectura de este género libre, acompañada del desparpajo y la personalísima imprevisibilidad con la que estos dos autores avanzan por terreno solitario, sometidos al escrutinio de la experiencia personal en torno al tema del viaje. Una conversación silenciosa en la que el lector aproxima su mirada sometiendo los gustos y las opiniones de sus contertulios a la báscula interna. Observaciones, referencias literarias y recuerdos personales se entremezclan dando lugar a unas sugestivas afinidades y paralelismos, donde Stevenson toma el relevo generacional e incluso se hace eco de él en sus propias páginas.

De lectura breve pero, sobre todo, reincidente, el viajero encontrará en este primoroso ejemplar un tono confidencial de destreza hábil y esmerada, alejado de pensamientos obtusos. Una atalaya desde donde intercambiar impresiones y dialogar en el silencio que imprime el arte de caminar. Persuadida por el uso poético del lenguaje, por la prosa rítmica y vivaz, no puedo estar más de acuerdo cuando Hazlitt sostiene que "el alma de un viaje es la libertad, la perfecta libertad, de pensar, de sentir y hacer exactamente lo que a uno le place. Vamos de viaje principalmente para vernos libres de todos los impedimentos y todas las molestias; para dejarnos atrás a nosotros mismos mucho más que para librarnos de los demás".

Una reflexión con la que el ensayista inglés subraya una voluntad, la idea del tanteo, la inquietud de paladear las cosas por uno mismo. Una visión que, cinco décadas después, retoma Stevenson al afirmar que "una excursión a pie debe emprenderse en solitario porque su esencia es la libertad, porque uno debe poder detenerse y continuar, seguir un camino y otro a su antojo; y porque uno debe poder ir a su propio ritmo [...] abierto a todas las impresiones y dejar que sus pensamientos adquieran el color de lo que ve". Que así sea.

30 de julio de 2012

Literatura de observación con Paul Theroux


“Viajar es establecer una conexión entre el mundo exterior y la identidad del que se traslada”, apunta la escritora, viajera y profesora universitaria Patricia Almarcegui. Un conjunto de palabras, una exposición breve de lo esencial que bien podrían concentrar la sustancia de unas páginas hoy convertidas en un referente de la literatura de viajes. 

Un ejercicio de geografías subjetivas, de percepciones espaciales que sucumben al atractivo imantado del trazado original de una búsqueda, una exploración que profundiza y se detiene en las maravillas del camino. Un camino que se torna en un destino en sí mismo, sin sentir la necesidad de llegar. Un peregrinaje que recupera el sentido primitivo del término viajar, aquel que se refiere a la acción de trasladarse de un lugar a otro. Una distancia, un medio de transporte. Dos ingredientes indisociables de unas páginas que nos empujan a una lectura compulsiva conformada por la magia de la realidad vivida y el género literario. Páginas de intenciones descriptivas e impulsos subjetivos que entretejen un tejido genuino. 

Foto: Google.
Nos encontramos, pues, ante un homenaje al recorrido, al viaje: “El viajar en tren excitaba mi imaginación y, por lo general, me daba la soledad necesaria para poner en orden y escribir mis ideas. Viajaba fácilmente en dos direcciones, a lo largo de los raíles, mientras Asia iba desfilando por la ventanilla, y en el interior de un mundo interior, el mundo de la memoria y el lenguaje. No puedo imaginar una combinación mejor”. 

Una geografía de ‘ventanilla’, un encuadre delimitado por un marco que retiene escenas a través de la mirada de quien se encuentra al otro lado. “[…] Pero no sabe (¿cómo podría saberlo?) que las escenas que se suceden a través de la ventanilla del tren, desde la Victoria Station hasta Tokyo Central, no es nada comparado con el cambio que se opera en sí mismo, y que escribir sobre viajes, que al comienzo resulta sin duda divertido, pasa de ser periodismo a ser ficción y llega, casi con la misma rapidez que el “Kodama Eco”, a convertirse en autobiografía. Desde ahí cualquier viaje ulterior va en línea recta hacia la confesión, hacia un desconcertante monólogo en un bazar desierto”. 

Por su forma, por su contenido, por su estilo, por la importancia que ha tenido y tiene. En definitiva, por el lugar que ocupa en el género de la literatura de viajes. Motivos de sobra para zambullirse en la lectura de 'El gran bazar del ferrocarril' de Paul Theroux.

9 de julio de 2012

'Crónicas de un viajero', de Burton Holmes


Sucedió hace ya unos años y, sin embargo, todavía conservo vívido su recuerdo. Rememoro los instantes previos, aquellos que acarician impacientes los momentos que seguirían.

Portada del libro. Fuente: Google.
Con la delicadeza de quien tiene entre sus manos una obra de incalculable valor, fui desprendiéndome del embalaje que cuidadosamente la protegía. Al fin tenía tan preciado ejemplar, un fascinante compendio que reúne el magnífico archivo del pionero del fotorreportaje, el cineasta, fotógrafo y sobre todo viajero norteamericano Burton Holmes (1870-1958). Embriagada por semejante encuentro, tuvieron que transcurrir algunos segundos hasta que hojeara, ciertamente encandilada, el honorable volumen de 'Crónicas de un viajero'.

Artífice del concepto de 'travelogues', Burton Holmes se presenta a la sociedad de nuestros días como el padre de los documentales de viajes. Una credencial abonada por los prolíficos viajes que le llevarían a visitar todos los continentes y casi todos los países del planeta. Un fructífero recorrido que daría como resultado un ingente material para la época: más de 30.000 fotografías y 150.000 metros de película. 

Abandonarse al ritmo que imprime sus estimadas páginas supone dejarse llevar hacia una experiencia perceptiva cuyo tempo da relive al paisaje que dibuja. Y es que nos encontramos ante un libro que recorremos con sensación de descubrimiento permanente. Un sugestivo universo capaz de transportarnos una centuria atrás y otear a través de esta precursora e inspiradora atalaya, la época gloriosa de los exploradores.

Y es que, como recogía 'The Travelogue Bureau' en 1912, "si nunca ha asistido a uno de los 'Espectáculos sobre Viajes' de Burton Holmes, si nunca ha visto sus fantásticos lienzos pintados y sus inusuales películas, se ha perdido una experiencia muy espectacular y satisfactoria". Una experiencia que ahora puedes disfrutar gracias a este fabuloso epítome de las obras de este gran maestro de la comunicación del viaje.



2 de julio de 2012

África en la mirada

Autor de autores, de geografías encontradas, de paisanajes enmarcados en un cosmos siempre heterogéneo. Mentor sinuoso de toda una generación de discípulos que siguen la estela de una mirada concebida para ir más allá, allí donde la profundidad de la observación detenida deja paso a la reflexión, a la meditación de lo acontecido.

En esta tarde de impulsos, de ensoñaciones, de estímulos creadores, me detengo en la deliciosa obra fotográfica del magnífico escritor y reportero polaco Ryszard Kapuscinski. 'Desde África', es una admirable cartografía kapuscinskiana en forma de álbum de fotografías, fruto de sus incontables viajes al corazón del continente negro. A través de la genialidad de la profundidad que encierra cada imagen, ahondamos en una mirada curtida y esculpida por una labor periodística de dilatado camino.

Fuente: Ryszard Kapuscinski
Con la proximidad de una alteridad puesta al servicio del 'otro', nos adentramos en la naturaleza, en el acto mágico de lo fotografiado, conscientes de estar contemplando un tiempo pretérito poseedor de historias, de rostros y de miradas inmortalizadas. Una colección de instantáneas que han sobrevivido a las inclemencias de un tiempo sometido a la canícula del trópico, a los azarosos avatares del viaje. Pues como bien apunta esta leyenda de vida perenne, "toda fotografía es un recuerdo; nada comunica mejor la fragilidad del tiempo y su naturaleza inestable y efímera que una fotografía. Por eso mismo cada vez que abro mi cámara fotográfica siento alegría porque voy a aprehender el tiempo que fluye, y al mismo tiempo tristeza porque después de tantas andanzas sólo me quedará en las manos un trozo de papel coloreado". Pedazos de un viaje que, en esta tarde de encuentros, de búsqueda, vienen a tentar nuestra imaginación.


11 de junio de 2012

'El antropólogo inocente', de Nigel Barley


¿Quién dice que la antropología social está reñida con la divulgación entretenida?
Nos alejamos del hermetismo convencional que suele caracterizar a disciplinas de este tipo para acercarnos hasta el diálogo interno, el soliloquio que el autor, Nigel Barley, mantiene en esta hilarante confesión etnográfica de unas notas recogidas en el celebérrimo libro de ‘El antropólogo inocente’.
Nigel Barley. Foto: Google.
Una aguda reflexión personal basada en la experiencia que comporta el primer trabajo de campo y la indefectible digresión con la concepción aprehendida hasta la fecha previa a partir. Trece capítulos reconstruyen la secuencia tradicional del proceso etnográfico en un relato irónico que se detiene en los aspectos que las clásicas monografías califican de ‘no antropológicos’. Tal vez por ello, por apuntar en la dirección opuesta a lo establecido, este afamado libro contribuye a desmitificar el rol del antropólogo y la experiencia sobre el terreno.
Cuestiones poco frecuentes en la literatura antropológica que Nigel Barley recoge con una singular ingenuidad, donde la inocencia será una gran aliada para sobrellevar las vicisitudes padecidas, desde los preparativos, sus encuentros con la burocracia africana a su estancia en la aldea de los Dowayos en Camerún, durante todo un año.
En esta vía intelectual de conocimiento, acercamiento y comprensión hacia el ‘otro cultural’, el autor logra con éxito hacer una divulgación amena, accesible y honesta de la antropología, abriendo el camino a otras lecturas de la realidad etnográfica. Desde la confidencia de lo vivido, el autor se zambulle con absoluta sinceridad en la reflexión que comportan los cambios tanto a nivel personal como profesional tras una experiencia de este tipo. Momento en el que ‘mientras el viajero ha estado cuestionando sus creencias más fundamentales, la vida ha seguido su curso sin alteraciones’.

Encuentros, situaciones y anécdotas componen el escenario desde el que este autor, con gran competencia etnográfica demostrada, convierte la lectura antropológica en una ocurrente y divertida experiencia literaria.

28 de mayo de 2012

Un viaje a contrarreloj

A veces, la realidad puede superar la ficción. Sucedió hace ciento veintitrés años. Una hazaña que tiene el rostro femenino poco habitual de entonces de una reportera precursora del periodismo encubierto. Se llama Elizabeth Jane Cochran, más conocida por su pseudónimo Nellie Bly.

Heroína de una propuesta arriesgada fruto de un alma inconformista e intrépida. Un espíritu a contracorriente de firmes propósitos que daría lugar a una excelente y entretenida crónica de viajes que, por fortuna, ha llegado hasta nuestros días en forma de un libro llamado 'La vuelta al mundo en 72 días'. Con un desafiante primer capítulo  –una propuesta para ceñir el mundo–, Nelly nos presenta su sólida aspiración: dar la vuelta al mundo en 80 días o menos y batir el récord del personaje literario de Julio Verne, Phileas Fogg.

El periódico The World recoge la noticia. Foto: Google

Una visionaria voluntad que tuvo lugar en la desidia de un domingo en blanco ante la inminente y rutinaria reunión con su redactor jefe. 'Siempre he creído que nada es imposible si uno aplica cierta cantidad de energía en la dirección adecuada', matiza con una decisión inquebrantable. Y así, un 14 de noviembre de 1889 partió desde el puerto de Hoboken (New Jersey). Un punto de partida que le llevaría a plasmar a modo de diario las perspicaces reflexiones y experiencias plagadas de encuentros variopintos con todo tipo de personajes a su paso por Londres, Suez o Penang. Incluída una cita envuelta por la cortesía y la cordialidad con el escritor Julio Verne y su mujer en su casa de Amiens (Francia), quien apuntaría la frase que sellaría su entrevista: 'Si consigues dar la vuelta al mundo en 79 días, te aplaudiré con ganas'.

Perseverancia, ánimo y una estoica terquedad acompañan a esta atrevida periodista de mirada aguda y muy personal, dispuesta a vencer las dificultades de un periplo que causó una gran expectativa en su tiempo.

Retrato de Nellie Bly. Foto: Google

Marruecos bajo apodo

Gabi Martínez, escritor instalado en la literatura de viajes, nos entrena a perseguir el recorrido que la narración de este género ha vivido durante el siglo XXI. Para ello, nos traslada a sus orígenes más antiguos, recordando escritos de personajes como Homero o Marco Polo, anclajes en la historia literaria del viaje. Kompaso recibe estas memorias como ecos, nos resuenan familiares después de haber cruzado varios campamentos. Martínez, culmina la fase preparatoria con otro personaje destacado del retrato del viaje: Alí Bey.

Domingo Badía y Lleblich era como se llamaba en la realidad. Alí Bey fue el apodo que él mismo se puso. Este personaje, es presentado bajo diversos subtítulos. El de aventurero, peregrino, escritor, viajero, cronista, e incluso espía. Pero, por encima de todos, el de pionero. Su carácter arriesgado le llevó a cruzar el Estrecho para sumergirse en el mundo de Oriente y retratarlo en profundidad. Empezó el viaje por Marruecos. Era el siglo XIX y, sus escritos, servirían de base para los brotes que la literatura del viaje viviría a partir del siglo XX y XXI. 

Ali Bey. Foto: www.google.com
Sus pasos fueron célebres, pues investigó un territorio totalmente desconocido por el mundo occidental en ese momento. Desde Marruecos, se movió a Trípoli, Chipre, Arabia, Siria y Turquía. A fuerza de un nombre falso y de otras estrategias como la de convertirse al Islam, consiguió ser el primer hombre blanco con orígenes occidentales en poder acceder a La Meca.

De su trayecto salieron varios escritos, de los cuales,  Kompaso ha querido escoger 'Viajes por Marruecos', no solo por su interés que se podría calificar de etnográfico, sino también por la cercanía que algunos de los componentes han tenido con el país. La lectura del libro es ligera, aunque no por ella deja de ser completa. Alí Bey habla de Marruecos desde un análisis pulcro. Se detiene en finos detalles y especifica lo que ve con una resolución impecable. Descubre un universo y lo recrea, lo desmenuza. Lo deshila hasta su capón más virgen. Su escritura es una mirada metódica de un gran conjunto, como si él mismo hubiera convertido su viaje en la más preciada de las disciplinas.

Para ello, se sirve del sistema de la enumeración, convirtiendo en varios momentos la narración en un prototipo de ficha técnica encubierta por la mano de la literatura. Lo refuerza con una repetición de conceptos. Alí Bey insiste, con sus palabras quiere registrar. Y no olvida repasar cada punto con descripciones minuciosas. Podemos decir que se esfuerza, a la vez, en interpretar. Con todo ello, crea una excelente bitácora, en la que también se encuentran anotadas informaciones de carácter científico, como los grados de temperatura en función de la orientación en la que se encuentra, o las especies de las plantas que él mismo recoge. La forma del relato apoya esta idea de cuaderno, dividiéndolo en apartados según las fechas del viaje, las lunas, u otros símbolos. 
Tánger. Foto: www.google.com
En 'Viajes por Marruecos', Kompaso se detiene en Tánger, en las descripciones de sus calles empinadas y curvadas, la arquitectura de sus mezquitas y las ceremonias de boda. Tres formas con las que Alí Bey presenta el modo de vida de un lugar aún extraño. Tras pasear con varias lecturas, escogemos tres pedazos de este contacto. El salir a la calle y tocar el techo de la casa con la mano. La cerradura de madera de la puerta. El arte del grito femenino.

Personaje admirado, Alí Bey fue, a la vez, un admirador del terreno que visitó. Descubrió un mundo y creó un universo a su alrededor para introducirse en él. El nombre falso es solo un testimonio fractal de su ímpetu explorador, con el cual pudo moverse con más facilidad. Es en este sentido en el que hablamos de personaje para englobar todos los conceptos con los que Ali Bey fue descrito. La pasión convirtió a un hombre en otro, en un personaje viajero con el que pudo acceder a los hilos de toda una cultura ignorada hasta entonces.

Twitter RSS Facebook Contacta