8 de marzo de 2012

Un viaje a través de la Historia

Viajar es comprender nuestro pasado, nos sirve para entendernos a nosotros mismos y comprender las huellas de nuestros ancestros, en ese afán incansable por conseguir todas las respuestas, aunque la única certeza sea encontrar nuevos interrogantes.

El viajero que parte hacia un lugar desconocido siempre indaga, escuadriña y procesa todo lo que lee, ve y escucha sobre su destino con la perspectiva del etnocentrismo, esa tendencia natural de cada cultura que mira hacia sí misma, hacia su interior y desde allí valora o quizás juzga las diferencias con otras culturas. Es una realidad comprensible, hasta cierto punto inevitable, el desafío reside, por tanto, en llegar al punto de equilibrio en este camino del periodismo de viajes.

David Rull, egiptólogo y un personaje único y anecdótico de esos que da gusto conocer, es el encargado de orientarnos en este nuevo reto de la divulgación histórica, arqueológica y cultural en el periodismo de viajes. La misión consiste en discriminar temas muy especializados a nivel científico y comunicarlos de una manera atractiva, enigmática y, sobre todo, accesible para turistas y viajeros que se aventuran a absorber, sentir, vivir otras culturas.

Foto: David Rull
“Viajar es como el tiempo, todo el mundo sabe lo que es, pero es difícil de describir”, señala Rull. Bajo esta premisa, es fácil deducir que el camino escogido será arduo y deberá apuntar hacia la creación de viajes originales, con un valor agregado por su enfoque cultural, arqueológico, antropológico, religioso, sostenible, literario y aventurero; una suerte de 'etiquetas' que encasillan la divulgación de viajes en el buen sentido, con el propósito de presentar contenidos valiosos de forma interesante, encaminados hacia el resultado anhelado: una sinergia entre ciencia y seducción.

Tras interesantes relatos e impresionantes fotos, la inspiración comienza recorriendo las  siempre enigmáticas Pirámides de Egipto, donde se encuentran los textos religiosos más antiguos de la Humanidad y los jeroglíficos, considerados la primera narrativa de viajes, localizados entre cámaras fúnebres y pasillos alineados dirigidos hacia las estrellas, aludiendo quizás a un viaje hacia el infinito o a la vida eterna. 

Paseamos por el Canal de Suez, famoso por su valor comercial entre Europa y África, cercano al Monte del Sinaí. Allí entre sus valles está el Monasterio de Santa Caterina, el más antiguo de los monasterios cristianos que conserva una enorme colección de escritos y obras de arte, solo superada por el Vaticano. Llegamos sin saber a Wadi Rum, Jordania , un alto en el camino que nos transporta a las aventuras de Lawrence de Arabia y 'Los Siete Pilares de la Sabiduría'. 

Monasterio de Santa Caterina. Foto: David Rull
Seguimos hacia lugares desconocidos como Apolonia, primer lugar al que llegaron los griegos en África con yacimientos arquelógicos casi vírgenes. Un enclave que guarda celosa una acrópolis del mismo tamaño que el famoso Partenón, uno de sus más grandes tesoros.

El viaje histórico continúa hasta llegar a Leptis Magna, Libia, una de las ciudades romanas más antiguas del mundo, a tan sólo 100 kilómetros de Trípoli. Fue construida por un emperador romano de África. Un potencial infinito para los amantes de los viajes culturales. Grandes desconocidas como Sabratha, Libia, cuna de una riqueza infinita sobresaliendo su antiguo teatro construido hace más de 2.000 años por los romanos y Siwa, oasis en la costa Mediterránea entre Egipto y Libia, cerca del Sáhara Occidental, allá entre "la Montaña de los Muertos" está el Baño de Cleopatra, una terma natural. Ahí es nada.

Esterior del Teatro (Sabratha) Foto: David Rull
Y estando en el Sáhara, recorremos el Gran Mar de Arena. Caminar y ver troncos fosilizados  no será una sorpresa ya que nos encontramos ante un lugar lleno de vida, agua y árboles en tiempos muy remotos. Andando entre sus dunas, el Sáhara también nos revela la ironía de 'La Cueva de los Nadadores', como se le conoce popularmente. Unos jeroglíficos que  despertaron la creencia de que se representaban a hombres nadando. Años más tarde , sin embargo, se descubriría que eran seres humanos entregados a sustancias placenteras que los hacían 'volar'.

Estrella de mar fosilizada (Gran Mar de Arena) Foto: David Rull.
En este medio de transporte que constituye la Historia reafirmamos que viajar no es sólo el recorrido físico de cientos o miles de kilómetros, no es acumular sellos en un pasaporte o aprender a decir "hola" y "gracias" en tantas lenguas como países visitados, sino que abrimos paso a la figura del 'viaje racional', aquel que profundiza en la experiencia, en lo vivido, en ese ‘algo’ que cambia en nuestro interior cuando comprendemos, observamos, escuchamos, olemos, degustamos, sentimos ‘culturas’. Nuestra brújula orientada hacia este camino será la mejor herramienta para conocer más de nosotros a través de los otros, porque viajar es conocer parte de la Historia.



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